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martes, 7 de abril de 2009

Construyendo la impunidad a través de la propaganda: George W. Bush


Durante largos años, algunos sociólogos han alcanzado cierta posición, participando en una campaña destinada a mancillar cualquier crítica en contra de la política estadounidense, atribuyéndola a una fascinación patológica masiva por el complot. Los tiempos cambian. El 6 de marzo de 2009, durante la prestigiosa conferencia anual de sociología de la Universidad de Winnipeg, el profesor Anthony J. Hall cuestionó la impunidad que le confiere el tabú del 11 de septiembre al gobierno de Bush. Reproducimos una versión ampliada de su intervención.

Graves acusaciones vinculan en actos criminales tanto al ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush, como al actual presidente de Sudán, Omar al-Bashir. A fines de febrero de 2009, trascendió que la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya se disponía a emitir una orden en contra de al-Bashir, a propósito de su presunta responsabilidad en crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio. Mientras se preparaban tales documentos contra el presidente de Sudán, el ex presidente Bush se aprestaba, por su parte, a dar una serie de conferencias remuneradas que comenzarían el 17 de marzo en la ciudad de Calgary, en Alberta (Canadá). La visita de Bush a la capital petrolera de Alberta puso a prueba la coherencia y la autenticidad de la posición “inequívoca” del gobierno canadiense, según la cual «Canadá no es, ni se convertirá, en un refugio seguro para personas implicadas en crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad u otros actos reprensibles».

El contraste entre el trato conferido a Bush y a al-Bashir fue puesto de manifiesto casi inadvertidamente por Geoffrey York, un colega con quien discutía a menudo, hace 20 años atrás, cuando los dos éramos corresponsales regulares del periódico Globe and Mail de las peripecias de Asuntos Aborígenes de Manitoba (Canadá), temas que, en varias ocasiones, fueron de interés nacional. En su reportaje sobre los cargos en contra de al-Bashir, York escribe:

«Por primera vez en la historia, un tribunal penal internacional se apresta a emitir una orden de arresto contra un jefe de Estado, acusándolo de haber orquestado una campaña de asesinatos, torturas y violaciones». El periodista consideraba que esta iniciativa de la CPI «sería vista por muchos como una prueba de que ninguna persona está por encima de la ley».

Este contraste abrumador entre el trato otorgado a al-Bashir y el trato que se le da a Bush, deja en evidencia la división que existe en el mundo entre criminales (o presuntos criminales) en dos grandes categorías: la primera, constituida por una pequeña elite que, esencialmente, está por sobre la ley y una segunda, compuesta por gente que no es lo suficientemente rica ni lo suficientemente influyente como para escapar de la fuerza coercitiva de la ley. Con ironía he llegado a esta conclusión. Por una parte, la decisión de la CPI de emprender acciones legales en contra de al-Bashir, como también, de abrir un juicio contra el comandante congolés Thomas Lubanga Dyilo en enero de 2009, son señales de una transformación importante de la CPI. Este tribunal ya no es un simple difusor de la expresión vacía de ideales nobles, sino más bien una instancia de real compromiso que busca someter las leyes del asesinato, la mutilación y la intimidación a la autoridad máxima del derecho.

Por otra parte, estableciendo la responsabilidad, en su primer acto jurídico, de a poderosas figuras locales de aquellas regiones de África que sufren y que, a menudo, son dominadas por los cárteles de materias primas y sus regímenes clientelistas, la CPI ha subrayado la hipocresía de un Occidente que protege, en el seno del complejo industrial militar, a sus propios señores y beneficiarios de guerra de toda responsabilidad jurídica por los actos de violencia cometidos por sus agentes. En efecto, muchos de los que, generalmente, planifican, instigan, financian, arman, facilitan y se apuntan en esta explotación, forman parte de lo que llamamos sector privado. De esta forma, el doble estándar promovido por la CPI en la elección de sus objetivos, en materia de acciones legales, no es más que la repetición a escala internacional del gran doblez del sistema de justicia penal de Estados Unidos.

Tal como lo ilustra crudamente el porcentaje desigual y escandalosamente elevado de Negros hacinados en las prisiones privatizadas de la superpotencia declinante1, las fuerzas del orden y la justicia hacen esfuerzos desproporcionados –de forma evidente– para criminalizar a los afro-estadounidenses pobres, teniendo cuidado de excluir de su atención a los habitantes de piel clara de los barrios de casas y a los pocos enclaves de la extrema riqueza. Las autoridades encargadas de aplicar el nuevo Derecho internacional, por su parte, se limitarán a perseguir a los jefes de las bandas de ese gueto continental que es África, con la mirada puesta en el exterior, cuando se trata, realmente, de redes criminales más globales, con sedes en Norteamérica, en Europa, en Israel y, cada vez más a menudo, en China, India y Rusia.

El renombre de Omar al-Bashir está lejos de ser internacional, mientras que George Bush es uno de los hombres más conocidos del mundo. En efecto, a lo largo de los ocho años de su desastroso mandato, Bush logró hacerse odiado mundialmente. Bush es ampliamente detestado por sus decisiones políticas, así como el conjunto de acérrimos belicistas, corsarios del capital, propagandistas de la mentira, evangélicos fanáticos, usureros, dementes defensores de la tortura y generales sicóticos que conformaban su círculo más cercano2. Una parte importante de la opinión pública mundial ve a este hombre desacreditado como la encarnación de algo peor que un execrable dirigente; estas personas consideran al 43º presidente de Estados Unidos un individuo grosero, irrespetuoso de las leyes. De esta forma, y con buenas razones, muchos perciben a Bush como a un desviado patológico que alimentaba la fantasía delirante de que el poder de su función le otorgaba toda la facultad de autorizar a las fuerzas armadas de su país y a merc
enarios privados para cometer masacres, desapariciones y torturas de la más grave índole y de envergadura genocida.

Esta visión, tan popular, se basa en un número creciente de estudios jurídicos de profesores universitarios que utilizan elementos de prueba ya disponibles en la esfera pública suficientes para establecer que George Bush y sus subalternos violaron numerosas leyes nacionales e internacionales, incluyendo los Convenios de Ginebra y las instancias de la ONU que prohíben la tortura. Philippe Sands, Francis Boyle3 y el profesor Michael Mandel, de la Osgood Hall Law School, tres de los más activos juristas internacionales, demostraron que George Bush y su gabinete de guerra transgredieron el Derecho internacional en muy repetidas ocasiones. De hecho, es muy larga la lista de juristas que buscan llevar al ex presidente estadounidense ante de la justicia. Vincent Bugliosi, quien fue fiscal en el caso Charles Manson, se adhiere a la causa con su nuevo libro «The Prosecution of George W. Bush for Murder» (El procesamiento de George W. Bush por asesinato)4.

Teniendo en cuenta la cantidad y la contundencia de la documentación ya reunida para inculpar a Bush y muchos de sus principales colaboradores en crímenes nacionales e internacionales, la facilidad con que el ex presidente atraviesa fronteras para dar discursos en lugares como Calgary, hay una manifestación de la disfunción jurídica de los organismos que aplican la ley. ¿Acaso el rol de estos organismos es proteger la propiedad y el prestigio de los ricos de la incursión de los marginados y desposeídos? ¿Acaso la ley no se reduce a una simple teoría cuando no puede restringir la utilización de manera abusiva de la violencia para arraigar los privilegios e intimidar a la disidencia? ¿Se levantarán las autoridades de la Corona en Canadá o el ministerio público en otros países para demostrar su respeto por el poder de la ley y su aplicación uniforme, tanto al presidente como al indigente, al colono como al nativo y al blanco como al negro? ¿Cómo podríamos trascender los códigos, a menudo racistas, contenidos en la retórica de la ley y del orden y elevarlos a las normas requeridas por el respeto a la primacía del derecho?

¿Nunca daremos lugar a la difusión de la verdad en el marco de un juicio que exigiera no sólo a Bush, sino a Richard Cheney, a Donald Rumsfeld, a Paul Wolfowitz, a Condoleezza Rice y otros, rendir cuentas sobre sus decisiones y sus actos en la dirección de guerras de agresión? En calidad de principales estrategas, los industriales del armamento y del petróleo, los propietarios de sociedades mercenarias y sus cabilderos y propagandistas, la mayor parte de estos individuos han contribuido a la edificación del proyecto del Proyecto Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC, por su sigla en inglés, N. de la T.), o sea, la privatización de nuestra economía basada en el terror y las falsas justificaciones para las supuestas «guerras preventiva». Un año antes del 11 de septiembre, el PNAC anunciaba la necesidad de «un nuevo Pearl Harbor», que permitiera provocar el clima de histeria necesario para lograr los objetivos de sus patrocinadores. El más ambicioso entre todos era la creación de un pretexto para tomar el control de los recursos petrolíferos de Irak y de todo el Oriente Medio.

Imaginando al mundo regido por el Derecho internacional

Desde hace varias generaciones se ha establecido el principio de que todos los pueblos del mundo, junto con sus gobiernos, deben reconocer el beneficio común de la competencia universal cuando se trata de casos de la más alta criminalidad. A su regreso de África, en 1980, George Washington Williams, un misionero negro de Estados Unidos, ayudó a enfocar el pensamiento legal en esta dirección. Williams buscaba palabras lo suficientemente evocadoras para describir las espantosas violaciones de los derechos humanos de las que había sido testigo en el llamado Estado Libre de Congo del rey Leopoldo y así fue como encontró la expresión «crímenes contra la humanidad». En 1944, Raphael Lemkin, un judío polaco que logró escapar del horror nazi en Europa, se basó en su experiencia para reforzar el vocabulario de la criminalidad internacional. Lemkin creó la noción de «genocidio», contribuyendo así en el proyecto que intentaba tratar crímenes tan graves que comprometieran la supervivencia de una parte de la familia humana. Lemkin buscó en el mundo entero la forma de que no existiese inmunidad ni refugio posible para aquéllos implicados en la eliminación de grupos nacionales, étnicos, raciales o religiosos; crímenes a los que añade el genocidio cultural. En 1948, Lemkin ayudó a las delegaciones ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) a establecer la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Este pilar fundamental del Derecho internacional fue adoptado por Estados Unidos sólo en 1989.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense fue, brevemente, percibido como el principal modelo del principio de que aquellos responsables de casos de criminalidad internacional más elevada deben dar cuenta de sus actos en forma individual, en calidad de persona. Esta breve convergencia entre el pragmatismo y el idealismo fue aplicado en los procedimientos de Nüremberg y Tokio que juzgaron a algunos de los cabecillas del Eje por tribunales militares internacionales. Robert Jackson, el Fiscal General del gobierno de Estados Unidos en Nüremberg, al describir sus objetivos al presidente estadounidense Harry Truman, explicó que había llegado el momento de establecer claramente «que la guerra de agresión es ilegal y criminal». En su opinión, tal acto, incluyendo las campañas de «exterminación, avasallamiento y deportación de civiles» constituían «crímenes internacionales», de los cuales «son responsables los individuos». Cuando presentaba su argumento delante de los jueces, Jackson destacó la importancia de ir más allá de todas las antiguas líneas de defensa que habían proporcionado «inmunidad a prácticamente todas las personas implicadas en los grandes crímenes en contra de la humanidad y la paz». No puede «tolerarse» la existencia de un «terreno tan vasto de irresponsabilidad» teniendo en cuenta que «la civilización moderna pone en las manos de los hombres armas de destrucción ilimitadas».

El vocabulario utilizado por los jueces de Nüremberg en la determinación de las penas de los condenados nazis hace hincapié en que «desatar una guerra de agresión no constituye sólo un crimen internacional, sino que también el crimen internacional más grave, que solamente se distingue de los demás crímenes de guerra en que éste encierra dentro de si todo el mal del conjunto». Los méritos de Nüremberg fueron afinados y adoptados en 1950 por la ONU como principios que incluyen, precisamente, las características propias de los actos ilegales conocidos por haber tenido lugar, por ejemplo en Abu Ghraib o Guantánamo durante el mandato de George W. Bush. Los principios de Nüremberg dividen la criminalidad internacional en tres categorías: crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes en contra de la humanidad. Uno de estos principios establece que «el hecho de que el autor de un crimen internacional haya actuado en calidad de jefe de Estado o de funcionario, no lo libera de su responsabilidad en Derecho internacional»5.

Aunque la CPI sólo se haya unido recientemente a la infraestructura jurídica del derecho penal internacional, ésta se basa en esperanzas, ideales y tradiciones profundamente enraizadas en muchas sociedades que buscan la justicia. A pesar de todos sus problemas y lagunas, la CPI es la mejor expresión de la intención de hacer realidad un gran número de las más conmovedoras proclamaciones de la humanidad que anuncian la igualdad de dignidad de cada vida humana, tal como lo define la Declaración Universal de Derechos Humanos. La CPI se creó luego de un estudio de Naciones Unidas, y se volvió una verdadera entidad en 1998 con la adopción del Estatuto de Roma. Así es como el tribunal adquirió forma institucional en 2002 y, hoy en día, cuenta con 108 Estados miembros, incluyendo a Canadá, junto con otros 40 en vías de ratificar el Estatuto de Roma.

Sin embargo, los gobiernos de Rusia, India y China se oponen a esta corte. El presidente Bill Clinton firmó el tratado de Roma en nombre de su gobierno, pero el presidente Bush anuló, en 2002, la firma de su predecesor en el marco de sus grandes y múltiples esfuerzos por excluir a los Estados Unidos de varios acuerdos multilaterales. Por consecuencia. La CPI, ¿continúa siendo la mejor esperanza para el futuro? O, acaso, el lamentable fracaso, hasta hoy, de Estados en defender y hacer respetar la primacía del Derecho internacional ¿nos conduce a un estadio en que la humanidad debe intentar hacer algo nuevo? ¿Hemos llegado a un punto en la evolución de la comunidad mundial en que ya es posible, incluso necesario, comenzar a instalar las estructuras de una verdadera jurisdicción, cuyos funcionarios apliquen su competencia para arbitrar y aplicar el derecho penal internacional a través de la expresión de cierta forma de ciudadanía compartida de la humanidad?

Calgary y el Congo

Hay mucho más en juego de lo que parece evidente en la decisión de George Bush de aceptar una invitación para dirigirse a una platea de empresarios reunidos en Calgary por la Cámara de Comercio local. Según cree David Taras, un profesor de ciencias políticas de la Universidad de Calgary, es necesario advertir que en el gesto del ex presidente en este centro urbano «muy conservador y favorable a Estados Unidos «se esconde una estrategia para comenzar un proceso de limpieza de su imagen frente al público». Incluso, hay quienes han apodado a Calgary la «Houston del Norte», sobrenombre que no da cuenta del carácter real de la ciudad. Calgary es, de hecho, casi una colonia en el ámbito económico y, en cierta medida político y cultural, de Houston y de Dallas, esto porque un porcentaje importante de sus habitantes emigraron desde Texas o tienen parientes que viajaron hacia el norte desde el estado del ex gobernador Bush. Hoy, Calgary es la base política y la circunscripción del gobierno minoritario del actual Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper. En 2001, Harper y algunos de sus consejeros provinciales más cercanos hicieron plenamente ostensibles sus posiciones llenas de prejuicios al proponer la construcción de un «corta fuegos» alrededor de Alberta para proteger de la autoridad constitucional del gobierno nacional de Canadá a sus recursos petrolíferos y sus agencias.

A lo largo de los últimos ocho años, Harper ha sido, durante su conducción de Canadá, algo así como el principal ostentador de la marca de fábrica de Bush. Como líder de la oposición, Harper criticó al Primer Ministro Jean Chrétien por no enviar tropas canadienses a la invasión de Irak. Harper, además, trabajó en estrecha colaboración con el ex Primer Ministro de Alberta, Ralph Klein, oponiéndose al Protocolo de Kyoto sobre el calentamiento global. De esta forma, los dos retomaron el discurso político elaborado por la empresa de asesoría y relaciones públicas Burson Marsteller. La filial en Calgary de esta empresa es la National Public Relations, cuyos «encargados de comunicación verde» crearon organizaciones de fachada tales como Canadian Coalition for Responsible Environmental Solutions (Coalición Canadiense para Soluciones Ambientales Responsables).

David Frum ha sido uno de los más extraordinarios celadores del eje ideológico que une Alberta con los ideales y el staff de la Casa Blanca de Bush. Antes de convertirse en uno de los principales propagandistas de la «guerra contra el terror» de George Bush6, Frum, que es un ícono de los neoconservadores, ganó sus galones trabajando para la revista Alberta Report, del evangelista Ted Byfield. Frum goza de un enorme prestigio entre la derecha por haber ayudado a actualizar la condena de Ronald Reagan al «imperio del mal», a precisamente acuñando la expresión «eje del mal», que hizo célebre George Bush utilizándola en su Discurso ante el Estado de la Unión en enero de 2002.

En consecuencia, numerosas fuerzas de la historia convergieron en la manera en que Bush sería recibido por los funcionarios de inmigración y del Ministerio de Justicia en el momento de su aterrizaje en el aeropuerto internacional de Calgary. El 23 de Febrero de 2009, la organización Abogados Contra la Guerra advirtió a algunos funcionarios, incluso al Primer Ministro Harper y al líder de la Oposición de Su Majestad, que «George W. Bush, el ex presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas estadounidenses, es una persona acusada de torturas, de crímenes de guerra y de otras violaciones flagrantes contra los derechos humanos». Estos juristas explicaron por qué Bush no debía ser autorizado a ingresar al país arguyendo disposiciones muy precisas de la ley de inmigración, junto con secciones particulares relativas a los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra. También explicaron que en caso de que Bush fuera autorizado a entrar en suelo canadiense, entonces debería ser arrestado por la policía de Canadá. Para apoyar sus aseveraciones, los juristas citaron numerosas fuentes, incluyendo elementos de prueba extraídos de un informe interno de la Armada estadounidense terminado en junio de 2008 por el general Antonio Taguba, como también, algunas de las conclusiones entregadas por el relator especial de Naciones Unidas sobre la tortura, Manfred Nowak. Este delegado de la ONU escribe «Tenemos en nuestro poder todos los elementos de prueba que establecen que los métodos de tortura utilizados por el gobierno de Estados Unidos en los interrogatorios fueron, especialmente, ordenados por el ex Ministro de Defensa estadounidense Donald Rumsfel... Es evidente que estas órdenes fueron dadas en pleno conocimiento de las altas autoridades de Estados Unidos».

Existen numerosos aspectos que permiten la proliferación mundial de la tortura en Canadá, las deportaciones extraordinarias, los encarcelamientos injustificados por falta de un juicio regular y otras violaciones a los Derechos Humanos, que en la mayoría de los casos involucran, de una forma u otra, a la Casa Blanca de George Bush. La Policía Montada del Canadá (GRC), el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Servicio de Inteligencia y Seguridad canadiense, más el conjunto de las ramas del gobierno de Estados Unidos, están implicados en los hechos que condujeron al arresto y tortura en Siria de los ciudadanos canadienses Maher Arar, Abdullah Almalki, Ahmed El-Maati y Muayyed Nureddin. El terror de Estado del que fueron víctimas estas personas constituye una pequeña parte del régimen transnacional de no-derecho, resultado de la enunciación ilegal del presidente de Estados Unidos sobre su competencia jurisdiccional sobre cualquier persona, de cualquier parte del mundo, que sea designada por el poder ejecutivo estadounidense como combatiente enemigo ilegal. Tal término, «combatiente enemigo ilegal», es una expresión inventada por los consejeros de George W. Bush, como un dispositivo lingüístico que permite al gobierno canalla de Estados Unidos desvincularse del Derecho internacional e incluso de su propia legislación.

Michael Keefer, de la Universidad de Guelph, estudió cuidadosamente el esmero del gobierno de Stephen Harper en reproducir la misma estrategia de George W. Bush para ampliar el rol del estado dentro la seguridad nacional, jugando hasta el cansancio la carta de la amenaza de la supuesta existencia de una célula local terrorista islamista dentro de la región del Gran Toronto. Keefer mostró la forma en que la GRC utilizó agentes infiltrados pagados que recibieron varios millones de dólares por la elaboración de un fiasco que terminó con la «evaporación de las acusaciones». El caso sufrió literalmente una implosión una vez que la GRC creó las condiciones políticas para que el Primer Ministro Harper pudiera divulgar en 2006 la versión canadiense de las teorías alucinantes de George Bush respecto al «odio» imaginario que el Islam profesa en contra de las libertades occidentales. La debacle fue grande, pero probablemente no lo suficiente como para no destruir la vida de jóvenes traumatizados, ello a pesar de que hayan salido libres del tribunal. Según Keefer, este episodio consistió, esencialmente, en una «operación de propaganda cuidadosamente planeada para reforzar la fraudulenta operación de manipulación psicológica que representa la guerra contra el terrorismo posterior a los atentados del 11 de septiembre».

Los roles de los gobiernos canadiense y estadounidense como socios en violaciones flagrantes de Derechos Humanos y del Derecho internacional se ilustran de manera clara en el caso del ciudadano canadiense Omar Khadr7. Khader era un niño soldado de quince años cuando fue arrestado en Afganistán por las fuerzas estadounidenses durante un violento incidente en que el menor resultó herido dos veces. Poco tiempo después de este hecho litigioso, Khadr fue transferido al tristemente famoso campo X-Ray en Guantánamo, Cuba. El Primer Ministro Stephen Harper usó este caso para expresar públicamente su intención de subordinar la soberanía de Canadá a la cultura de dominación militar estadounidense de Bush. A diferencia de dirigentes de otros países occidentales que han intervenido exitosamente en la liberación de sus ciudadanos de Guantánamo, Harper prefiere mantener su concomitancia con las autoridades estadounidenses, omitiendo cualquier petición que lleve a Omar Khadr al país donde nació.

El general canadiense Roméo Dallaire, que participó en operaciones de mantenimiento de paz de Naciones Unidas, hizo observaciones sobre la importancia del caso Omar Khadr, desde la perspectiva de un experimento de los gobiernos canadiense y de Estados Unidos para probar la disposición de no respetar las leyes internacionales que prohíben las acciones contra niños soldados. Dallaire escribió: «Permitimos a Estados Unidos juzgar a un niño soldado canadiense por un tribunal militar en donde los procedimientos violan los principios fundamentales de la justicia». El general tuvo en cuenta «pruebas irrefutables de la malignidad de Estados Unidos», de «alteraciones» de pruebas y de diversas formas de abuso en contra de Omar Khadr llevadas a cabo por funcionarios, incluyendo amenazas de «violación y de muerte». A propósito del caso de Omar Khadr, Dallaire acusa al gobierno de Canadá de ser cómplice de «una afrenta a los Derechos Humanos y al Derecho internacional».

El desprecio hacia todos los principios reconocidos del derecho estadounidense e internacional en la Bahía de Guantánamo y en Abu Ghraib serán vistos, ciertamente, por las generaciones venideras como pruebas de la infamia de los dos mandatos de George W. Bush. Cierta cantidad de juristas militares renunciaron disgustados a sus puestos en Guantánamo, como por ejemplo el coronel Morris Davis, fiscal en jefe. Un denunciante interno, más reciente, es el teniente coronel Darrel Vandeveld, ex fiscal. Tal como relató Globe and Mail, el 2 de marzo de 2009, Vandeveld condenó los «tratos sádicos», los «abusos» y «simulacro» de justicia aplicado a Khadr y a los demás detenidos en el «desorden sin nombre» de Guantánamo. Amnistía Internacional declaró que Guantánamo «es el GULAG de nuestra época». Vandeveld expresó que «no podía creer que los estadounidenses fueran capaces de hacer eso», anticipando un testimonio que estaría muy de acuerdo a entregar ante un tribunal de derecho nacional o internacional.

El hecho de que al interior de un GULAG estadounidense continúe la persecución contra un joven aprehendido cuando era un niño soldado, opaca de manera reveladora la imputación de la CPI en la Haya a Thomas Lubanga Dyilo. Lubanga fue acusado de reclutar y utilizar niños soldados en el Este del Congo. Muchas sociedades mineras canadienses y estadounidenses integran las empresas occidentales (de América del Norte, Europa y África del Sur) que sustentan conflictos donde se utilizan niños solados. Los niños soldados continúan siendo usados por aquellos que se benefician, invariablemente, de los asesinatos masivos y del caos dentro de una zona que, sin duda, es testigo del más grande genocidio después de la Segunda Guerra Mundial.

Manteniendo la misma posición respecto al caso de Omar Khadr, George Bush y Stephen Harper ¿no transgredieron el mismo derecho internacional que se le acusa haber violado a Lubanga? En el momento en que nos acercamos al fin de la primera década del siglo XXI ¿podría existir una prueba aún más incuestionable de la anarquía cultivada en el más alto nivel de nuestros gobiernos? ¿Qué es lo que queda por decir cuando un ex presidente estadounidense, el actual Primer Ministro de Canadá y un comandante de guerrilla congolés pueden –los tres– ser acusados de transgredir de la misma forma las leyes internacionales que prohíben el reclutamiento y las acciones legales referidas a niños soldados?

Confrontando las mentiras del 11 de septiembre

No es difícil imaginar cuáles serían los principales argumentos de la defensa, si George Bush, Richard Cheney, Donald Rumsfeld y otros de su misma clase, se enfrentaran a sus inculpadores ante una corte de justicia. Seguramente, la defensa se basaría en que el país fue víctima –en 2001– del ataque de un enemigo exterior dotado de tácticas tan audaces e inesperadas que estos terroristas islámicos lograron tomar por sorpresa a todo el conjunto del complejo industrial militar, junto con la enorme maquinaria de la seguridad nacional. A partir de allí, los abogados de la defensa sostendrían que las invasiones a Afganistán e Irak, y todas las demás acciones, incluyendo las llevadas a cabo en la Bahía de Guantánamo y Abu Ghraib, no podrían ser interpretadas como elementos de una guerra de agresión y que no deberían considerarse como parte de un plan coordinado de agresión militar, en lo que ya estuvieron de acuerdo los jueces de Nüremberg hace mucho tiempo atrás, y en que representan «el crimen internacional más grave que sólo se distingue de los demás crímenes de guerra en que éste encierra dentro de sí todo el mal del conjunto». Luego de esta argumentación, los abogados de la defensa afirmarían que todo lo que sucedió durante la guerra (justa y civilizada) contra el terrorismo no debe ser interpretado como una guerra de agresión. Al contrario, sus acciones deberían ser consideradas como una forma de autodefensa necesaria, o tal vez, como acciones preventivas emprendidas por precaución con la esperanza de salvar civiles inocentes de la amenaza violenta de los extremistas islamistas.

Concientes o no, todos estamos continuamente bombardeados por el mensaje que busca convencernos de que existen buenas razones para temer a la barbarie de los terroristas, un mensaje elaborado con minuciosidad por los expertos de lo que llamamos «manipulación de las percepciones», para crear un recelo permanente hacia el mundo árabe y el mundo musulmán. Por consecuencia, el mito popular de la guerra contra el terrorismo constituye el elemento principal en que se basa la economía del terror que sustentó el crecimiento del gran complejo industrial militar a lo largo del mandato de George W. Bush. Al no existir ya el antiguo enemigo del tiempo de la “guerra fría”, fue preciso encontrar un nuevo enemigo. Empresas como Blackwater, la sociedad de mercenarios de Eric Prince, pudieron prosperar dentro del mismo modelo guerrero privatizado, tal como en la guerra santa, o yihad, capitalista contra el «imperio del mal» soviético.

Para controvertir los testimonios que citen el 11 de septiembre como la principal justificación de las medidas tomadas en nombre de la guerra contra el terror, en el momento en que un fiscal interrogue a su parte contraria podría confrontar a Bush y a los otros de la siguiente manera: El –o la– fiscal podría llamar a comparecer a ciertas personas con cargos, cuya presunta negligencia y/o incompetencia permitió que los terroristas alcanzaran sus objetivos que, por lo demás, están bastante bien protegidos. El fiscal podría pedir que se esclareciera lo sucedido con los funcionarios cuyas malversaciones y errores fueran causantes de aquellas deficiencias sin precedentes, como –por ejemplo– aquellos encargados de la inteligencia, del contraespionaje, de la seguridad en los aeropuertos, de la defensa aérea y los encargados de aplicar las leyes de inmigración. Podría exigir saber, también, si todos los funcionarios fueron despedidos. Si algunos fueron reprendidos, si alguien renunció. El acusado respondería «no». Entonces el fiscal preguntaría: «Y por qué, entonces?».

Si la masacre y la destrucción ocasionada el 11 de septiembre pueden ser atribuidas a un error masivo de la seguridad nacional, ¿por qué nadie ha asumido su responsabilidad ni ha sido considerado responsable de algún elemento preciso en este supuesto error? ¿Qué hay de la propia responsabilidad de Bush en el desastre? ¿Por qué el presidente no se hizo inmediatamente cargo de la crisis esa fatídica jornada del 11 de septiembre, yendo a Washington en lugar de huir a los confines del país en su avión Air Force One y dejando a Richard Cheney, el ex presidente de la empresa Halliburton, a cargo de las operaciones en el búnker bajo la Casa Blanca?

Las faltas más graves relacionadas con los eventos del 11 de septiembre no son aquellas atribuibles a las agencias de inteligencia estadounidenses, ni a los servicios de seguridad de los aeropuertos, ni al Comando de Defensa Aero-espacial de América del Norte (NORAD, por su sigla en inglés, que incluye a Canadá y EEUU, N. de la T.), etc. Al contrario, la incapacidad más profunda y más sombría de protegernos de estos enemigos que nos amenazan reside en el hecho de buscar quienes las utilicen entre los periodistas, los grandes medios de comunicación, los profesores y las universidades. Somos nosotros quienes, en la mayoría de los casos, escogemos renunciar a nuestro escepticismo y junto a él, a nuestra ética profesional y a nuestras responsabilidades. En general, nuestra clase y nuestra casta sigue respondiendo a los hechos del 11 de septiembre de manera más expedita que racional. En consecuencia, se trata –en mi opinión– de una traición masiva de parte de los intelectuales y es el resultado subyacente del fraude conocido bajo el nombre de «guerra contra el terrorismo». La guerra contra el terror sigue en fabricación, promoviéndose y vendiéndose al público en la más agresiva campaña de guerra jamás desplegada. ¿Cuántos de nosotros se vuelven cómplices de esta negra maquinación a través del silencio? El silencio es el principal factor que permite la continuidad de las guerras de agresión justificadas en nombre de la teoría oficial del complot del 11 de septiembre, tan infundada como desprovista de pruebas.

No es mi intención, aquí y ahora, desbaratar las mentiras y los crímenes de la Casa Blanca de Bush. Tampoco el reciente disimulo del Presidente Obama de los elementos claves en la verdad de esa mañana del 11 de septiembre de 2001. Me ejercité para tal desbaratamiento, pero no de manera tan exhaustiva, experta y profesional como han podido hacerlo otros. Podría citar decenas, casi centenas de sólidas contribuciones científicas para unir pruebas específicas, examinando detalladamente lo que probable y ciertamente sucedió esa mañana luminosa de fines del verano de 2001, como lo que realmente no tuvo lugar. La mayoría de esas contribuciones son de dominio público y es muy fácil tener acceso a ellas en la era de Google y You Tube.

A pesar de que son muchos los que han introducido las referencias necesarias en la comprensión de aquellos que están comprometidos con la búsqueda de la verdad, el aporte en especial de un profesor se distingue por la remarcable combinación entre alcance, precisión y atención a los detalles. Creo que hablo por muchos colegas quienes, en un amplio consenso, piensan que el profesor de teología David Ray Griffin ha ganado con holgura el título de jefe de aquello que llamamos «9/11 Truth mouvement» (Movimiento por la Verdad del 11 de septiembre, N. de la T.)8. Yo los desafío a leer una parte de la pequeña biblioteca de libros y artículos que él ha escrito sobre los diversos aspectos del 11 de septiembre, no a desarrollar un desprecio absoluto por la versión oficial del complot. Teniendo en cuenta lo que Griffin y otros han publicado, ya ha caído completamente en el descrédito la idea de que el ataque al Pentágono y la pulverización de tres torres de estructuras de acero del World Trade Center fueran causadas por un puñado de saudíes armados con cutters, con un somero conocimiento de piloteo y un intenso celo yihadista.

Hace poco, ha nacido la rama más profesional de los escépticos del 11 de septiembre, una obra del infatigable Richard Gage, fundador de la asociación «Achitects and Engineers for 9/11 Truth» (Arquitectos e Ingenieros por el 11 de septiembre, N. de la T.) que cuenta con 600 miembros (arquitectos e ingenieros). Dando a conocer y reuniendo un gran volumen de estudios técnicos, Gage ha logrado establecer, más allá de las dudas razonables, que las torres de poderosas estructuras de acero no se derrumbaron a causa del choque de los aviones comerciales, ni por los incendios del combustible, ni por la gravedad, sino que gracias a una demolición controlada. Las tres se derrumbaron sobre sus bases más o menos a la velocidad de la caída libre.

Últimamente he estudiado atentamente la vasta y profunda erudición que el canadiense Peter Dale Scott demuestra en su libro «The Road To 9/11: Wealth Empire and the Future of America» (El camino al 11 de septiembre: riqueza del imperio y el futuro de EEUU, N. de la T.)9. Esta obra, reconocida por sus pares, fue editada por la University of California Press, de Berkeley. Scott se basa en décadas de investigación sobre el funcionamiento interconectado de las compañías petroleras, de los cárteles de la droga, de las operaciones de contraespionaje, de los bancos y de la política. Su libro también describe una relación de colaboración tan larga como estrecha entre Dick Cheney y Donald Rumsfeld, que culmina con sus extrañas apariciones y desapariciones en los días que precedieron y sucedieron al 11 de septiembre. Al igual que los estudios de Nafeez Mosaddeq Ahmed10, el libro de Scott presenta muchos elementos de prueba que demuestran que el fantasma de Al Qaeda estuvo inserto en funciones de seguridad nacional estadounidense desde que se unió a los Muyahidín apadrinados por el dúo CIA – ISI (Inter-Services Intelligence, Inter-Servicios de Inteligencia, N. de la T.).

Comenzando como actores claves en las operaciones financieras del desaparecido Banco de Crédito y de Comercio Internacional (BCCI), fundado en Lahore, los personajes destinados a asumir roles dentro de Al Qaeda ayudaron a hacer avanzar el proceso de transformación del terrorismo en una empresa y una oportunidad política para numerosos mercaderes del miedo. Recomiendo especialmente el capítulo 10 del libro de Scott, titulado Al Qaeda y las elites estadounidenses. En las subdivisiones de este capítulos se leen frases como: «Los agentes de Estados Unidos, las compañías petroleras y Al Qaeda», «Estados Unidos y Al Qaeda en Azerbaiyán», «Unocal, los Talibán y Ben Laden en Afganistán», «Al Qaeda, el Ejército de Liberación de Kósovo y el oleoducto transbalcánico» o «Al Qaeda y el complejo petrolero, militar y financiero».

Podría terminar alegando a favor de una investigación parlamentaria en Canadá sobre la veracidad de la interpretación del 11 de septiembre, que continúa poniendo en peligro la vida de nuestros soldados en Afganistán. Podría terminar subrayando el fracaso periodístico de la CBC (Canadian Broadcasting Corporation, Radio Nacional de Canadá, N.de la T.) o la propaganda de las guerras de agresión, que ha proliferado especialmente en los medios comerciales. Tal como lo reveló la investigación a la CIA post Watergate, agentes reclutados entre los grandes medios de comunicación han sido utilizados por organismos de seguridad nacional (del Estado) para difundir campañas de desinformación, cuyo verdadero objetivo es impulsar los negocios de gente como la familia Bush, dinastía de beneficiarios de guerra. Podría ejemplificar algunos de mis argumentos refiriéndome a los ridículos sitios de Can West Global y sobre todo al de Nation Post. Solo citaré el título de un artículo en un periódico en que se da mucho espacio a los blogers anónimos para atacar mi trabajo. ¿Qué otra cosa que no sea defender el mito de la guerra contra el terrorismo están haciendo los redactores de este periódico cuando escriben el título: «Atacando a los teóricos del complot del 11 de septiembre», obstaculizando así cualquier debate?

Muchas son las formas en las que podría finalizar. Sin embargo, prefiero concluir este texto con algunas reflexiones sobre George Bush, el derecho internacional y el libro notablemente bien acogido de Naomi Klein, que lleva por título «La Doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre»11. A través del prisma de su interpretación keynesiana, Klein observa varios países a lo largo de las últimas décadas. Para ello, por ejemplo, propone la convincente tesis de que los modestos programa de redistribución implementados en las economías nacionales y en la mundial, en general, no han resistido a las incursiones del «capitalismo del desastre». Nuestras relaciones materiales han sido sometidas, en forma repetida, a los shocks de la hiper-privatización durante los periodos en que hemos estado más vulnerables a los efectos desorientadores de los traumatismos, por supuesto manufacturados o inducidos.

Como lo reconoce la autora en su libro, los hechos acaecidos el 11 de septiembre son el ejemplo característico de su tesis central. El shock de las imágenes de la caída de las torres creó el pretexto para invadir Irak y para liberar la prisa que el régimen de Bush tenía por explotar lo que Klein llama «el mercado del terrorismo». Irak debía ser un prototipo que demostrara que «el trabajo del Estado no es proporcionar la seguridad, sino comprarla a precios de mercado». Por otra parte, la violencia en Irak ayudó a estimular, en Norteamérica, la cultura del miedo y del odio, que facilita el auge de lo que Klein llama «Industria de la seguridad de la patria».

Klein, como la mayoría de los autores que escriben sobre la guerra contra el terrorismo, es cautelosa para abordar los atentados del 11 de septiembre, para llegar, de esta manera, indemne a un terreno profesional más seguro. Para ella, ese lugar más seguro consiste en documentar la forma en que Bush, Cheney, Rumsfeld, Paul Bremen, y el resto de los arquitectos e ingenieros de la privatización de la economía del terror, han usado el 11 de septiembre para hacer avanzar la agenda política. Así es como, prácticamente eludiendo el tema de lo que realmente sucedió el día del gran shock, Klein se inclina por el mantra «errores de seguridad del 11 de septiembre». Entonces, Klein lleva a sus lectores a su original e importante análisis económico de Irak, el «Ground Zero» (Punto Cero, N. de la T.) de la guerra contra el terrorismo.

Creo comprender la decisión periodística de Naomi. La considero un compromiso necesario. Debía hacerlo si es que quería mantener la esperanza de dar a conocer su útil trabajo en los medios canadienses y estadounidenses, así como a los jóvenes militantes en el mundo entero. No obstante, pienso que Klein está demasiado bien informada como para no desconfiar de la coartada del «error de seguridad» sugerido por el régimen de Bush. Si mi intuición es acertada ¿qué se puede decir respecto a la gravedad del clima de paranoia, si incluso Naomi Klein se autocensura en lugar de arriesgarse a unirse a los grupo marginales «de los teóricos del complot»? ¿Es comparable la adhesión de Klein a los tabúes del 11 de septiembre a la de Noam Chomsky y a la de productores de medios, incluso progresistas, como por ejemplo Zmag, The Nation y Democracy now? O ¿Barrie Zwicker tiene razón cuando afirma que fuerzas malignas trabajan para repetir, en el contexto de la supuesta guerra contra el terrorismo, las mismas técnicas de desinformación y de guerra psicológica que se utilizaron durante la guerra fría?

La retórica del discurso de esperanza y cambio del presidente Obama no trascenderá los discursos de odio ni los crímenes de odio que continuarán multiplicándose hasta que el público vuelque su mirada a la verdad de los hechos, cuyo contenido ha sido deformado para justificar los crímenes internacionales que continúan perpetuándose en nombre de la guerra contra el terrorismo.

Mientras este fraude no sea revelado (reconocido), la obscenidad continuará y George Bush cruzará las fronteras internacionales para dar discursos generosamente remunerados. Sin embargo, el 17 de marzo nos esforzamos en lo que pudimos para hacer de la visita a Calgary del ex presidente estadounidense un test que nos permita saber si somos gobernados por las reglas del derecho o por las reglas de la desinformación, el amiguismo y el poder militar.

Anthony J. Hall

jueves, 2 de abril de 2009

EL PLAN OBAMA O LA GRAN ESTAFA / ALTAMIRA


Bajo el régimen capitalista, las quiebras de los negocios pueden ser un gran negocio, lo mismo que las guerras. Desde el punto de vista de la tasa de beneficio, superan por lejos a la que se obtiene en períodos normales. La observación viene a punto a raíz del último programa de rescate bancario anunciado por Obama, que constituye un escandaloso fraude en perjuicio de las finanzas públicas. En una conferencia de prensa que otorgó el martes pasado, el afroamericano demostró que es perfectamente consciente de lo que está haciendo.

Lo tuyo es mío

El llamado programa público-privado para comprar los activos invendibles de los bancos y sus préstamos incobrables ha sido diseñado para que un grupo de cinco fondos de inversión, o de cobertura de inversiones, oferten por los llamados activos tóxicos de los bancos una suma superior a la que el banco obtendría en una venta corriente. Para incentivar este sobreprecio, el Estado aporta o garantiza aportes por el 90 por ciento del valor de la adquisición a tasas de interés cercanas a cero. La operación consiste en la formación de un fondo público-privado con aportes iguales de las partes, pero que luego podrían recibir financiación del Banco Central o del Fondo de Seguros de depósitos por un monto seis veces superior a ese capital. Sin la menor dosis de anestesia, el gobierno recrea de este modo las pirámides financieras que provocaron la crisis actual, con la única pero nada despreciable diferencia de que el lugar y la función del dinero privado pasa a ser ocupado por dinero público. La expectativa oficial es que las ventajas que ofrece el financiamiento estatal se transfieran en parte a los precios de los activos o de los préstamos que son puestos en subasta, o sea por encima de sus precios de quiebra. En resumen: una oferta generosa para los bancos, pero -por sobre todo- para los llamados fondos buitres, cuyo negocio consiste, precisamente, en especular con la compra muy barata de valores que no valen nada.

La noticia de que el gobierno anunciaría este esquema de fraude público pareció desatar el entusiasmo de los especuladores bursátiles, que respondieron con una suba cercana al 8 por ciento en la Bolsa de Nueva York - algo enorme para un solo día pero típico de los períodos de bancarrota, cuando el precio oscila con la especulación. Los operadores más inescrupulosos pronosticaron de inmediato que la crisis había tocado piso. La verdad era más prosaica: aquellos especuladores que habían estado invirtiendo fuerte a la baja de las acciones de las empresas, pero en especial de los bancos -cuya situación de bancarrota es irreversible- , se apresuraron a cambiar de ruta y a comprar esos valores para adelantarse al movimiento de suba que no podía dejar de provocar el anuncio. En los días siguientes, los analistas más importantes hicieron ver que el plan era precisamente un fraude financiero y que no tiene la capacidad para recrear el sistema de crédito.

La cosa es muy simple. Por un lado, los activos (bonos, acciones) y préstamos en poder de los bancos no están afectados en su cotización porque no haya dinero para negociarlos, sino simplemente porque la contraparte (el que vendió el bono o recibió el préstamo) no está en condiciones de cancelarlo. El planteo de Obama buscaría crear un precio que, por esta razón, de inmediato se revelaría artificial. La consecuencia sería una quiebra del capital público que financia la operación. La expectativa de que una reactivación de la economía revitalice a los capitales quebrados es remota, incluso porque los tiempos de la quiebra y de la reactivación están completamente desfasados. Muchos observadores ya han advertido que los bancos acabarán retirando los activos y los préstamos que pongan a subasta cuando no los satisfaga el precio que se les ofrezca. En este caso, Obama hará la experiencia de cómo ‘se puede' caer en una crisis política mayúscula en el primer año de mandato.

Más de lo mismo

La evidencia de que el gobierno tiene claras las limitaciones de su plan es que el financiamiento que promete ni siquiera es tal, o sea, no efectivo, sino que en su mayor parte está compuesto de garantías, no de dinero, que recién habría que efectivizar si la operación produce pérdidas al operador privado. Los analistas que han hecho notar esta contradicción se quejan de que el Estado sigue sin poner el dinero en la escala necesaria para hacer frente a la bancarrota. Es probable que el flamante programa fracase de la misma manera que lo han hecho todos los que lo precedieron.

Este relato demuestra que los izquierdistas que se rascaron la testa, al principio de la crisis, para rechazar cualquier hipótesis de derrumbe del capitalismo y pontificar que, a lo sumo, "dejará de ser el que habíamos conocido hasta ahora", simplemente estaban macaneando. El plan anunciado por Obama intenta, exactamente, recrear el mercado de títulos privados derribado por la crisis, con el respaldo de los recursos fiscales y no fiscales del Estado, atenuado por la promesa de una mejor regulación por parte de las instituciones públicas (¡cómo si pudiera ser de otra manera y, peor, cómo si fuera a servir para algo!). La preocupación mayor y obsesiva de todos los gobiernos y de todos los capitalistas, en las actuales circunstancias, es evitar que se desmorone el mercado internacional de títulos privados, es decir de los bancos que tienen esos títulos y de los acreedores de los bancos que tienen los propios. El valor derivado bruto de este mercado es de 500 billones de dólares y su valuación neta de 60 billones. Solamente los bonos emitidos para asegurar los títulos en circulación suman 25 billones de dólares. Para que sirva de comparación, todo el PBI mundial es de 50 billones.

Lo señalado explica el repudio al plan por parte de economistas como el premio Nobel Paul Krugman -quien quiere, al igual que cualquier otro capitalista, salvar a los bonistas internacionales. Pero para ello -dice esta gente- no se debe rifar el dinero público o recurrir a la emisión extraordinaria de moneda, sino nacionalizar temporalmente el sistema bancario. La función de la nacionalización sería negociar con los acreedores una quita de la deuda de los bancos, de la misma manera que General Motors está negociando, para evitar la quiebra, una reducción de los precios de sus proveedores, una reducción de los salarios y prestaciones sociales de los obreros y una rebaja por parte de los tenedores de su gigantesca deuda.

Pero la dimensión principal del plan Obama ha sido escandalosamente omitida por la prensa. Es que se trata de una suerte de golpe internacional en las vísperas de la reunión del G-20, que fue convocado para elaborar una salida ‘coordinada' a la crisis. Los europeos pretenden que los fondos especulativos norteamericanos, que montaron el régimen financiero paralelo que llevó a la crisis, carguen con los costos. El choque toca el nudo más sensible de todo el andamiaje financiero internacional -la capacidad excepcional de Estados Unidos para emitir moneda ("seignorage") en virtud del status del dólar como principal medio de pago internacional y principal reserva de valor. Precisamente, el plan Obama está bancado principalmente por la capacidad de emisión de la FED, que ya anunció billonarias compras de bonos del Tesoro de su país y que ya ha comprado en gran escala títulos privados en poder de los bancos (‘aflojamiento cuantitativo de moneda'). El resto de los bancos centrales no tiene esa capacidad para socorrer a capitales siniestrados. El Banco Central Europeo asegura que, si acompaña la política de emisión que desarrolla Estados Unidos, el euro y la Unión Europea tendrían los días contados. Incluso Estados Unidos corre un riesgo similar, o sea que la emisión desenfrenada de dólares acabe con el rol internacional de su moneda. Algunos analistas prometen que esta emisión terminará llevando al oro a los 6.000 dólares la onza - hoy en 950 dólares. Europa enfrenta la necesidad de salir en socorro de Europa oriental, cuya deuda externa total es de 1.5 billones de dólares y los vencimientos de este año, de 500 mil millones. Los bancos austríacos están comprometidos por el equivalente al 80 por ciento del PBI de Austria; algo similar ocurre con Italia y con Suecia.

La estabilidad de las monedas será puesta en juego en la próxima etapa de la crisis. China - que tiene reservas por dos billones de dólares e inversiones en títulos públicos de los Estados Unidos por aproximadamente 800.000 millones, y que es por eso el principal bonista interesado en el éxito de los rescates norteamericanos- teme a justo título por su dinero. El premier chino se aventuró, la semana pasada, a reclamar que una moneda internacional sustituya al dólar, a sabiendas que esto es incompatible con la rivalidad que caracteriza al capitalismo. Los dolores del euro le debían haber advertido sobre esto. En una fase extrema de la crisis, la Unión Europea se encontrará ante la alternativa de disolver su unión monetaria o que sus países sean forzados a integrarse a un Estado único por una de las potencias del continente. Existe una propuesta para que el Banco Central Europeo emita un bono único para rescatar a bancos y empresas en desastre, que debería ser respaldado por cada uno de los países de la UE, en proporciones a establecer. El tratamiento de la propuesta pondrá al desnudo las tendencias centrífugas en Europa.

Un FMI nacional y popular

Por último, la producción, el comercio y el empleo siguen en picada. Rusia acaba de informar que perdió un millón de puestos de trabajo desde noviembre y que renuncia a seguir rescatando a oligarcas quebrados. Admite, si no se trata de una empresa estratégica, que la compre el capital extranjero. A éste, sin embargo, ni se le ocurre; antes, los servicios de seguridad de Rusia deberán dar garantías más apropiadas en términos políticos y jurídicos -un verdadero vía crucis de crisis políticas e internacionales. China vive una caída extraordinaria de su comercio exterior y también una marcada salida de capitales. Por fin, América Latina ha comenzado a sentir las consecuencias del derrumbe del crédito que financia el comercio internacional. Los K creen que en Londres tendrán la oportunidad de parir un FMI nacional y popular, dispuesto a prestar plata para que la economía no se contraiga. No entienden una jota de lo que ocurre: el capitalismo mundial necesita estabilizar las monedas de los países periféricos y para ello no conocen otro camino que la ‘austeridad'. Si Brasil obtuvo un préstamo de la FED de 50 mil millones de dólares, la explicación no tiene que ver con la amabilidad de Lula ni su ‘sotaque' nordestino, sino simplemente a que tiene bonos del Tesoro norteamericano por 150 mil millones de dólares. En Londres, los banqueros le van a pedir a madam K que devalúe el peso como se lo piden Ferrer y Curia -con una vasta trayectoria nac & pop (nacional y popular).

Algunos sintomas del derrumbe del capitalismo


Que difícil se está haciendo comprender algunos hechos noticiosos relativos a la crisis financiera del capitalismo.

¿Por qué? Porque las agencias y los medios masivos de comunicación no nos ayudan, más bien están tratando de ocultar o de disfrazar las barbaridades que va generando el sistema al que responden.

Vamos a compartir algunos ejemplos

El gobierno estadounidense ha inyectado 180 mil millones de dólares a la aseguradora AIG para salvarla de un catastrófico quiebre, y los altos ejecutivos de la empresa no tuvieron mejor idea que repartirse entre ellos 165 millones de esos fondos públicos.

La revelación de este escándalo partió del congreso, y el pasado lunes 16 de marzo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama no le escapó al bulto y declaró: "Esta es una corporación que se encontró con el desastre financiero debido a la imprudencia y la codicia. Bajo estas circunstancias, es difícil entender cómo los operadores de derivados en AIG garantizaron los bonos. ¿Cómo ellos justifican este escándalo a los contribuyentes que están manteniendo a la compañía a flote?"

Habrá que ver si la coyuntura empujó a Obama a referirse a este escándalo, pero creo que aunque fuera asi, pudiera haberse mostrado más distraído u ofrecer alguna interpretación más moderada. La información decía que tras detenerse a toser, Obama confesó que estaba "atragantado por la rabia".

Otros analistas tienen una visión diferente a la mía, Michael Hudson publicó en Counter Punch que la verdadera conspiración detras de este caso no son los escasos millones que se repartieron en bonos sino el destino de la mayoría de las decenas de miles de millones que AIG repartió entre algunas corporaciones privadas.

Hudson ofrece un dato muy interesante: que la mayor beneficiada con el rescate ofrecido por el pueblo estadounidense (representado por sus gobiernos) fue Goldman Sachs, que era presidida por el propio funcionario que ideó el rescate, el ex secretario del Tesoro de Bush, Henry Paulson.

Esto demuestra la estructuración de un sistema perverso y corrupto. La clase empresarial asume la función pública violando lo que debería ser una división de poderes; cuando sus intereses son afectados por una crisis económica generada por ellos mismos, entonces utilizan su poder público para confiscar dinero del pueblo e inyectarlo en sus empresas.

Me parece tremendo, pero el caso de los bonos me parece apenas un poquito más bochornoso aún (aunque las cifras sean irrisorias al lado de estos paquetes).

Aún partiendo de la base de lo que significa una estafa como la de Goldman Sachs (ya detallado más arriba) lo de los bonos me parece más indignante, pues en un arranque de ingenuidad podríamos creer que los más de 10 mil millones que le dieron a Goldman Sachs eran necesarios para salvar a la empresa, para que sus trabajadores no se quedarán en la calle y para que evitar que la crisis se profundice. Pero el tema de los bonos, más allá de su monto, indigna más porque allí no hay ingenuidad que valga, el dinero se utilizó simplemente para que los que habían desatado toda la crisis se premien entre ellos, y encima con fondos públicos. Se me representa como una especie de orgía.

En todo caso, me parecen rescatables las palabras de Obama, es que su antecesor era tan nefasto que ante un caso como este sólo hubieramos podido esperar unos cuantos chistes malos festejados por todos los corresponsales de la Casa Blanca, y a otro tema.

Ahora dicen que parte de los bonos fueron devueltos y que el Obama instruyó a su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, para que implemente las medidas necesarias para recuperar esos fondos. Permítanme desconfiar acerca de las devoluciones y de la verdadera decisión política en recuperar esos milloncitos.

Creo que toda esta crisis nos debería servir para seguir aprendiendo sobre el funcionamiento del sistema. Cuando todo iba bien y sus ganancias eran ostensibles, los genios del mercado nos impusieron un modelo de dominación en el que sus reglas eran intocables, aún para los estados (una verdadera dictadura), cualquier intento de control en su contra era una flagrante violación a la libertad del mercado, una osadía que ni siquiera se podía discutir (¡y cuanto tuvieron que ver los medios de comunicación en todo ello!).

Ahora que la cosa está fea, obligan a los estados mas poderosos del mundo a utilizar el dinero de los contribuyentes para operar multimillonarios salvatajes con el dinero público, y no contentos con esto, se reparten buena parte de esos bienes entre ellos para asegurarse que ante cualquier contingencia más grave, no tengan que pasar ninguna penuria.

Otro tema interesante es la impunidad con la que actúan los poderosos representantes del mercado y de ahí me surge la necesidad de pensar en la división entre la clase política y los primeros, a los que a mí en realidad me gusta denominar como la dictadura de mercado.

¿Quiénes son las caras del poder?

Ni Barack Obama, ni el primer ministro británico Gordon Brown, ni el presidente francés Nicolas Sarkozy, son representantes que provengan de esa clase dictatorial, todos son ejemplos clásicos de una clase política que puede ser cuestionada desde muchos puntos de vista, pero no fueron presidentes de la Coca Cola (como el ex presidente de México Vicente Fox) o directores de la petrolera Halliburton (como el ex vicepresidente de EEUU, Richard Cheney), o sea que podríamos decir que en determinadas coyunturas sí hay representantes de esa dictadura que directamente se apropian del gobierno, pero la mayoría de las veces les alcanza con mantener de rehenes a los representantes de la clase política. Eso evidencia aún más su poder.

Una vueltita por Europa

Si de algo pueden sentirse orgullosos los contribuyentes estadounidenses y Obama, es que su dinero no sirvió sólo para llenar los bolsillos de los especuladores locales de la AIG. Ya sabemos que hoy día todo esta globalizado, así que como AIG es una aseguradora con clientes en todo el mundo, 11 mil 900 millones de su paquete de ayuda fueron a parar a manos de uno de sus clientes franceses, el Banco Sociéte Générale (que además recibió ayuda adicional del estado francés). Para estar a tono con las circunstancias, los directivos del Sociéte se repartieron algunos jugosos bonos. El escándalo también se destapó y Sarkozy, tuvo que salir a declarar sobre el tema y calificó el caso como "inadmisible".

Adicionalmente el mandatario francés ordenó que no se paguen primas o bonos a directivos de empresas que reciban ayuda estatal o que despidan a sus trabajadores.

Otro que no se durmió fue el ex presidente de Valeo, Thierry Morin, un grupo de equipamiento automotor que recibió 19 millones de euros de los contribuyentes franceses; luego de cerrar dos plantas de producción, sintió que merecía una jubilación tranquila y se hizo indemnizar con 3.2 millones de euros. No tendrá que pasar penurias.

Parece que la moda entre los grandes jerarcas de la dictadura de mercado es abandonar la gestión y retirarse hasta nuevo aviso, pero con el pequeño detalle de que antes de retirarse se están embolsillando números impresionantes que generalmente sobrepasan las 6 cifras.

Otro ejemplo es el del buen amigo Fred Goodwin (que en castellano significaría "buen viento", aunque la definición no creo que aplique), él era consejero delegado del Royal Bank of Scotland, que suena muy fino y por eso será que el año pasado fue ungido con el título de sir -a propuesta del gobierno británico-.

La cuestión es que el hombre dejó al banco con unas deudas millonarias y se aseguró una pensión anual de poco más de un millón de dólares (casi 100 mil dólares por mes). Se armó otro escándalo y el primer ministro británico, Gordon Brown, también debió salir a declarar; calificó el episodio como "inaceptable". Pero sir Buen Viento se negó a renunciar a su privilegio. Conclusión: algunos de sus vecinos de Edimburgo se enojaron con él, le apedrearon la casa y su Mercedes Benz.

La indignación y la rabia por estos hechos no es patrimonio de Obama ni de los vecinos escoceses de Buen Viento. En Francia se perdieron más de 150 mil fuentes de trabajo entre enero y febrero, y la semana pasada millones de personas salieron a las calles a manifestar su adhesión a una huelga general. Trabajadores de la filial gala de Sony -la cual anunció su cierre- retuvieron una noche al director de la empresa para exigir mejores indemnizaciones y este martes los obreros de 3M hicieron lo propio, el director de operaciones de esta multinacional estadounidense con sede en Pithiviers (a las afueras de París), Luc Rousselet, debió permanecer dos días junto a sus queridos operarios, una experiencia de convivencia que seguro no se hubiera imaginado en tiempos de bonanza.

Trabajadores de la cauchera Continental con sede en Clairoix (al norte del país) están en la misma situación, la semana pasada tomaron la empresa en medio de una reunión de directorio y esta semana marcharon hacia la capital de Francia, sus representantes sindicales denuncian que no hay ninguna razón para cerrar la fábrica ya que las ganancias registradas son extraordinarias.

Esto da la pauta de otra desagradable moda capitalista que parece estar expandiéndose en distintas partes del mundo; ante el devenir de una crisis mayor, empresas que registran ganancias cierran por las dudas, los empresarios salvan sus capitales y los trabajadores se quedan sin su fuente de ingreso.

El estatal Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA) de Brasil, informó el pasado 4 de marzo que empresas de ese país están despidiendo empleados por el temor de que la situación económica se agrave y no necesariamente por estar enfrentando dificultades reales. "La explicación más plausible para el agravamiento de la crisis en Brasil parece ser que los agentes económicos están atemorizados, toman la decisión más radical desde el punto de vista individual", aseguraron.

Otro ejemplo del sálvese quien pueda.

Volvemos a Estados Unidos

En el reino del capitalismo los dictadorzuelos se las saben todas. Un día después de los cuestionamientos de Obama contra AIG, el Wall Street Journal publicó que Citigroup y Morgan Stanley (que también recibieron fondos públicos) estaban estudiando estrategias para eludir los límites federales a las compensaciones. Un cable de Reuters calificaba a los límites federales como "duros". Los medios como siempre son el puntal de este sistema.

Recordemos que Obama estipuló que los ejecutivos de estas empresas salvadas de la quiebra por el Estado no podrían ganar más de 500 mil dólares anuales, esto es 41 mil 600 dólares al mes.

Para Reuters es "duro" vivir con un sueldo de 41 mil dólares al mes, ¿Cómo será entonces la vida para los habitantes de la Franja de Gaza? ¿O simplemente para los miles de europeos o estadounidenses que se están quedando sin ningún ingreso porque la crisis los está dejando sin trabajo? En EEUU todos los meses hay 600 mil personas que pierden sus trabajos y otros miles están perdiendo sus casas, eso sí que suena un poco más duro que ganar 41 mil dólares por mes.

Según el mismo cable de Reuters que comentaba más arriba, la estrategia de Citigroup sería la de incluir a 25 ejecutivos en una nómina de altos cargos sujetos a la restricción y dejar a los demás por afuera. Es decir que (exagerando un poco) la cosa va a ser más o menos asi: van a colocar a 25 perejiles como altos cargos y el director va a pasar a figurar en planilla como barrendero con un sueldo de unos 85 mil dólares mensuales. Hecha la ley, hecha la trampa, decía el dicho. ¡Son unas joyitas!

Este lunes otra noticia profundizó la sensación de impunidad, Obama informó que entre 500 mil y un billón de dólares serían destinados a adquirir activos tóxicos, resumidamente bienes que se devaluaron por la ineptitud, la irresponsabilidad y/o las acciones espurias de otros grupos dictatoriales que de esta manera lograron sacarse de encima activos que nadie quería, nuevamente mediante fondos aportados por el pueblo estadounidense.

El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, calificó la medida como un "robo a los contribuyentes".

Si siguen dejando que estos dictadores actúen con impunidad, lo que lograran es llevar a la quiebra a los propios estados (hay que tener en cuenta que sólo a AIG le dieron 180 mil millones de dólares, y más de 500 mil se destinarán a los activos tóxicos, es muchísimo dinero).

Para cerrar, un concepto agregado a las declaraciones del presidente del Comité de Servicios de la Cámara de Representantes, Barney Frank, quien opinó que sería el momento de despedir a algunos miembros de la AIG implicados en la estafa de los bonos. Mi agregado es que deberían ir todos presos.

Fíjense que el accionar de estos buenos muchachos está provocando consecuencias serias a cientos de miles de seres humanos y lo máximo que se animan a pedir es su despido. Mientras tanto al pobre Mountazer Al Zaidi, al que sólo se le ocurrió lanzarle un par de zapatos a George W. Bush (indignado por la horrible masacre ordenada por el ex presidente contra el pueblo de Irak), le clavaron 3 años de cárcel. Sumada a la impunidad, la hipocresía de esta dictadura mundial, es uno de sus problemas más graves.


Andrés Sal.lari

martes, 31 de marzo de 2009

Declaración de la Alianza Social Continental frente a la reunión del G20


La actual crisis económica internacional ha significado en primer lugar la bancarrota de la ideología neoliberal. Es preciso decir que el epicentro del terremoto financiero no estuvo en los llamados países en desarrollo sino en los países más poderosos que impusieron durante todos estos años las terapias de choque al resto del mundo con el argumento de estabilizar la economía.

Justamente ha sido el ilegítimo G8 formado por las mayores economías del planeta, que comandó con el auxilio de las instituciones financieras multilaterales y la OMC esta tragedia anunciada. Son estos los médicos que resultaron los peores enfermos, y si nunca tuvieron legitimidad para comandar el mundo, han perdido ahora toda autoridad para imponer sus recetas. La ideología del fin de la historia enfrenta su propio fin.

Los portavoces de la campaña mundial por el empequeñecimiento de los estados han sido sustituidos rápidamente por gigantes intervenciones económicas de los estados para rescatar bancos y empresas, cuyos precios en las Bolsas de Valores se han empequeñecido al extremo. Los grandes bancos de inversión, y muchas de las poderosas transnacionales como GM, Chrysler y otras gigantes acuden como falsas ovejas buscando la ayuda del estado.

A pesar del cataclismo, quienes condujeron hasta él insisten en evitar los cambios necesarios para darle una salida a la crisis que no perjudique a millones de personas y procuran encontrar caminos para que los poderosos sean rescatados a costa de los trabajadores y de la gente común.

A pesar de la indignación popular que crece a cada día en los países centrales, estos dueños de la verdad pretenden en el mayor fingimiento, mantener las operaciones de “rescate” y las mismas recetas que condujeron a la crisis sin precedentes que vivimos.

Encontrar una salida favorable a los pueblos exige ir a la raíz de la crisis que es la imposición de la maximización del lucro de los grandes inversionistas como principio motor de la economía y de la sociedad.

El proceso de liberalización del comercio y las inversiones significó el desmonte de los pocos elementos de regulación que fueron construidos en el marco internacional después de la Segunda Guerra Mundial, creando realmente un mercado mundial sin restricciones ni obstáculos para el capital, con aumentos en la concentración de ganancias en escala verdaderamente internacional. Y son justamente el comercio y las inversiones liberalizadas los vectores globales de la crisis bancaria que se expande a cada día para el conjunto de los países del mundo capitalista.

Y esa brutal acumulación ha sido realizada en un mundo que fue colocando en competición a todos los trabajadores y trabajadoras entre sí, al mismo tiempo en que no les permite el acceso a esa producción ampliada, a pesar del derrame de crédito barato.

Por eso a la hora de las soluciones conservadoras se habla en mantener y ampliar el crédito y en regulación de los mercados para que el capital ficticio no pueda continuar el estilo laissez faire que lo llevó a su propia ruina.

Sin embargo, esta crisis se da en un marco muy diferente de crisis civilizatoria. El crecimiento ilimitado de la producción está cuestionado de forma contundente.

El actual modelo de desarrollo que persiste en el centro y la periferia del sistema y los patrones de consumo especialmente de los países ricos pero también de sectores y grupos del Sur, se han evidenciado completamente insustentables.

Por estos motivos la Alianza Social Continental denuncia públicamente el carácter ilegitimo, antidemocrático y sin transparencia de este G20, que continua la lógica del G8 aún cuando se le sumen algunos miembros del Sur.

Los movimientos sociales nos pronunciamos por:

1 – el rechazo al principio de la liberalización progresiva del comercio y las inversiones.

2 – la reformulación de las reglas y principios del comercio internacional y de las inversiones de forma a permitir el desarrollo sustentable y con equidad social de todos los países.

3 – el fortalecimiento de mecanismos de gobernabilidad global transparentes y democráticos que permitan la convivencia internacional armoniosa y sustentable de los pueblos del mundo.

4 - la garantía social plena de los derechos fundamentales a la alimentación, el agua, la vivienda, la salud, la educación, la cultura y el ambiente sano, por encima de cualquier derecho de los inversionistas y sin estar sometidos al ánimo de lucro.

5 - la extensión de la propiedad y la intervención económica públicas para garantizar estos derechos, así como también los beneficios comunes de la producción y servicios estratégicos como la energía, los bancos y las comunicaciones.

Finalmente, en el continente americano y América Latina en particular, sus movimientos y organizaciones sociales, que han enfrentado en los últimos años con bastantes éxitos al libre comercio y la globalización neoliberal, asumimos el desafío de construir la integración regional como respuesta estratégica a la crisis que también afecta a la región.

La integración regional, más que una posibilidad, aparece hoy como una alternativa viable para que los países de la región superen la crisis económica global a través de la creación de lazos económicos dinámicos y solidarios entre ellos y caminen hacia un nuevo modelo de desarrollo, más sustentable y justo que el que hasta hoy fue delineado en nuestros países.

La Integración regional desde los pueblos de la región ofrece mayores oportunidades para nuestros países, pues puede sobreponer el principio de la solidaridad al de la competencia salvaje y el libre mercado, que como sabemos, y bien lo ha demostrado esta crisis, ni lleva al equilibrio ni apunta a la justicia, como pretenden algunos teóricos. Esta integración deberá estar fundada en los principios de la complementariedad y solidaridad, y enfocada al alcance de sociedades más justas y equitativas económica y socialmente, donde el buen vivir de hombres y mujeres, sea el objetivo supremo.

La Alianza Social Continental apoya las movilizaciones que se desarrollan en todo el mundo entre el 28 de marzo y el 4 de abril frente a la reunión del G20.

lunes, 30 de marzo de 2009

Por la crisis económica, con corralito incluido, cayó el gobierno de Islandia


Arrastrada por la crisis financiera, la coalición de gobierno de Islandia anunció hoy que se disuelve, tras el pedido a gritos de la población para una pronta dimisión. Así lo anunció el primer ministro Geir Haarde en Reykiavik.

Desde la quiebra de sus tres principales bancos en noviembre, esta isla del Atlántico, con 320.000 habitantes, se ha visto duramente afectada por las consecuencias de la crisis. Como primera medida al estallar la debacle financiera, el gobierno aprobó un paquete legislativo de emergencia que le dio el control de facto de toda la banca del país. Y los ahorristas se vieron imposibilitados de retirar sus depósitos de los bancos.

Con este corralito financiero instalado, miles de ciudadanos pidieron en protestas casi diarias la dimisión inmediata del gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. La semana pasada, los socios de la coalición ya consideraron adelantar los comicios al 9 de mayo.

A raíz de la crisis, la moneda, la corona islandesa, se ha depreciado en un año un 47% con respecto al dólar. La inflación, en estas circunstancias, se ha disparado hasta el 15% y el déficit público a finales de año podría llegar al 20%.

(Fuente: Agencias)

domingo, 29 de marzo de 2009

Brown rechazó de plano el nuevo planteo argentino por Malvinas


VIÑA DEL MAR (De un enviado especial).- En medio de charlas agradables y coincidencias palpables con el mundo progresista, la presidenta Cristina Kirchner se encontró ayer con un reclamo rechazado de plano: fue cuando se reunió con el primer ministro británico, Gordon Brown, y le pidió abrir el diálogo por la soberanía de las islas Malvinas. Brown no consideró la opción argentina. No habrá ningún tipo de acercamiento en ese tema, le respondió.

Durante unos 35 minutos, Cristina Kirchner y Brown se reunieron en el hotel Sheraton antes de que los líderes invitados hablaran en el plenario de la cumbre.

Tres temas se tocaron en el mano a mano: la soberanía de las Malvinas, el pedido argentino para que se permitiera viajar a las islas a familiares de los ex combatientes y el enfoque que ambos llevarán al G-20 para solucionar la crisis internacional.

En el último punto hubo un sorprendente acuerdo, casi completo. En el caso de las islas, en cambio, hubo demasiadas diferencias, que generaron algún punto de tensión.

La Presidenta -acompañada por el canciller Jorge Taiana; el embajador en los Estados Unidos, Héctor Timerman, y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini- recordó a Brown la imposición al diálogo sobre la soberanía formulada por las Naciones Unidas.

"La Presidenta fue clara en que en el siglo XXI la persistencia de un enclave colonial no se condice con la marcha del mundo", relató Taiana a los medios argentinos acreditados en la cumbre.

"Se recordó que hay una disposición de las Naciones Unidas y que Gran Bretaña es parte del Consejo de Seguridad, por lo que debería respetarla", agregó el canciller.

Brown rechazó el reclamo. "Replicó ateniéndose a la tradicional postura británica. Dijo que no está dispuesto a negociar si no existe una aceptación previa de los isleños", contó Taiana.

La versión fue confirmada por funcionarios británicos, que coincidieron en que el tono de la charla había sido "positivo" y que "las mayores diferencias" se habían focalizado en el tema Malvinas.

Durante 15 minutos se habló del diferendo por las islas. Ambos mandatarios propusieron un tono más firme que amigable cuando lo trataron, admitieron en ambas delegaciones.

Brown había sido criticado en Gran Bretaña por haber concedido a Cristina Kirchner una reunión bilateral con agenda abierta. Opositores y ex combatientes se quejaron por lo que leyeron como una consideración excesiva del primer ministro, que aquí se ocupó de decir que "no habrá modificaciones a la posición tradicional de Gran Bretaña". No habrá diálogo sobre la soberanía malvinense, aclaró.

El 2 de abril

El Gobierno consideró ayer que el pedido a Brown alcanzaba para evitar que la Presidenta se viera casi obligada a formular un reclamo más firme en Londres, justo el 2 de abril, cuando se cumplen 27 años del desembarco en Malvinas, en medio de la cumbre del G-20.

Las diferencias alrededor de las islas, de cualquier manera, no se agotaron en la soberanía.

La Argentina pretende que familiares de los caídos en la guerra puedan viajar en avión al archipiélago para rendir un homenaje a las víctimas. Cristina Kirchner contó a Brown que una delegación argentina tenía la intención de inaugurar un monumento a los soldados argentinos en el cementerio de Darwin. "Es un tema humanitario", trató de resultar convincente la Presidenta, de acuerdo con el relato de Taiana.

Pero Brown no lo aceptó. "Dijo que sólo está dispuesto a aceptarlo si la Argentina modifica su posición respecto de los vuelos continentales a las islas", afirmó el canciller. La Argentina rechaza los viajes de línea desde el continente a Malvinas. "Entre una cuestión humanitaria y otra política no se puede estar sujeto a un tema mercantil", criticó la jefa del Estado. Pero no hubo acuerdo, aunque Brown prometió que estudiaría el caso del homenaje en Darwin. Fue el único momento tenso en dos días de múltiples acuerdos políticos.

sábado, 28 de marzo de 2009

EL DESARME EN LOS TIEMPOS DE CRISIS


Los presidentes de Rusia, Dmitri Medvédev, y Estados Unidos, Barack Obama, firmarán la próxima semana en Londres, en vísperas de la cumbre del G20, una declaración conjunta sobre arsenales nucleares, anunció el Kremlin.

Esa declaración debería servir de punto de partida "para el inicio de negociaciones sobre reducción de armamento", asunto "cajoneado" por la anterior administración estadounidense, afirmó Serguéi Prijodko, asesor del Kremlin para Asuntos Internacionales.

"Las consultas bilaterales están en marcha. Puedo decir que la parte norteamericana está dispuesta a lograr resultados", agregó el funcionario, que apuntó que los textos de las declaraciones están casi acordadas, según las agencias rusas.

La declaración será emitida previsiblemente el 1 de abril tras lo que será el primer encuentro entre Medvédev y Obama desde que ambos asumieron las presidencias de sus respectivos países en mayo de 2008 y enero pasado.

El asesor del Kremlin aseguró que Moscú "intentará acordar (con EE.UU.) el calendario y los parámetros del trabajo sobre un nuevo acuerdo que sustituya al Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START-1)".

Rusia está dispuesta a suscribir antes de que termine el año un nuevo tratado de desarme que reemplace al START, suscrito cuando aún existía la URSS (1991) y que expira en diciembre próximo.

La primera ronda de conversaciones entre Estados Unidos y los países que heredaron el arsenal atómico de la URSS -Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania- terminó en noviembre pasado en Ginebra sin acuerdo.

Aunque tanto Moscú como Washington creen necesario firmar un nuevo acuerdo jurídicamente vinculante, aún no se han puesto de acuerdo sobre el régimen de limitación de los armamentos estratégicos.

Moscú quiere limitar no sólo las cabezas nucleares, sino también misiles balísticos intercontinentales, cohetes lanzados desde submarinos y bombarderos.

Además, también sostiene que debe quedar excluida toda posibilidad de desplegar armas ofensivas estratégicas fuera de los territorios nacionales, con lo que el escudo antimisiles estadounidense no podría instalarse en Europa del Este.

Según la prensa estadounidense y británica, Obama, para quien el desarme es una de sus prioridades en política exterior, junto Afganistán e Irak, propondrá próximamente a Rusia la reducción de 5.000 a 1.000 de las ojivas de las que dispone cada potencia.

En lo que se refiere al escudo, Medvédev expresará a Obama la "preocupación" de Moscú sobre los planes norteamericanos de desplegar elementos de su escudo en la República Checa y Polonia, proyecto que el Kremlin considera una "amenaza directa".

"Este asunto no está, ni mucho menos, cerrado y los intentos de hallar una salida para una alternativa aún no han sido agotados", apuntó Prijodko, que alabó la falta de "rémoras ideológicas" en el discurso de Obama.

Al respecto, Medvédev insistirá en la propuesta de crear un sistema conjunto de alerta de misiles, en el que también participaría la OTAN, para aplacar los temores sobre posibles ataques por parte de regímenes denostados por Washington como Irán o Corea del Norte.

Rusia ha advertido que desplegará cohetes tácticos Iskander en el enclave báltico ruso de Kaliningrado si EE.UU. no renuncia al emplazamiento del escudo en el continente.

En Londres ambos líderes abordarán la cooperación en materia de no proliferación nuclear con el fin de prevenir que armas de destrucción masiva caigan en manos de actores no gubernamentales, en particular, grupos terroristas, apuntó Prijodko.

También hablarán sobre las crisis nucleares de Corea del Norte e Irán, una vez que Obama se ha mostrado dispuesto a entablar contactos directos con Teherán y que Moscú ha instado a Washington a restablecer relaciones con el régimen islámico al considerar que sería un factor estabilizador para la región de Oriente Medio.

En cuanto a Afganistán, Moscú está dispuesto a cooperar con la coalición aliada que combate a los talibanes y Al Qaeda en materia de tránsito, asistencia económica y adiestramiento de los cuerpos de seguridad locales, aunque sólo si se pone sobre la mesa una estrategia multilateral de estabilización de ese país.

Medvédev aprovechará el encuentro con Obama para insistir en su iniciativa de firmar un nuevo acuerdo de seguridad europea que responda a los intereses de Rusia, puesto que el líder ruso considera que el "Euroatlantismo" ha perdido su vigencia.

El presidente estadounidense, que podría visitar Rusia durante los próximos meses, según adelantó recientemente en Moscú el ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, ha asegurado que está dispuesto a abrir una nueva página en las relaciones con Moscú, pero sin renunciar a la expansión de la OTAN al Este de Europa.

viernes, 27 de marzo de 2009

COLOMBIA/CREDITOS DEL BID DE ESPALDAS A LOS IMPACTOS SOCIALES.



La banca multilateral tiene el rostro de aquel agiotista que le presta dinero a una familia pobre que vende mangos en una esquina. Su propósito no es sacarla de la pobreza, sino de ganar más plata a costa de su trabajo.

Así lo han dejado en evidencia un grupo de analistas económicos, académicos y representantes de comunidades afectadas en diversos países de América Latina al cuestionar los empréstitos que le otorga la banca multilateral, entre ellos el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a los países de la región.

Las apreciaciones fueron expuestas en Medellín durante el Foro Popular de Afectados, en el marco de la Asamblea de los Pueblos, reunión alterna a la 50º Reunión Anual de Gobernadores del BID, que iniciará sesiones mañana viernes en la ciudad.

Una de las conclusiones generales que resulta de escuchar las distintas experiencias latinoamericanas relacionadas con el modelo de empréstito que aplica el BID a sus acreedores es contundente: son operaciones financieras que se hacen de espaldas a los impactos sociales y ambientales de las comunidades donde se desarrollarán los proyectos.

Necesariamente hay que partir de una realidad incuestionable: en cualquier sistema, llámese como se llame, se necesita apalancamiento financiero de terceros para impulsar proyectos de desarrollo. El asunto complejo resulta de preguntarse por los propósitos de la financiación.

Al respecto, William Gaviria Ocampo, vocero del Movimiento colombiano En deuda con los derechos, precisa que el único propósito del BID, y en general la banca multilateral, es financiar unos proyectos, independientemente de la prevención de los impactos sociales, ecológicos y ambientales que generan. “Esa preocupación se la dejan a los gobiernos locales”, advierte. “Pero a éstos sólo les interesa mostrar obras y en muy margen muy reducido se preocupan por trabajar en la prevención de los impactos”.

Se genera entonces un círculo vicioso entre los empréstitos internacionales y las comunidades, que deben soportar todo el peso del pago de la deuda. “La financiación de los proyectos se hace ver como un logro para el desarrollo, pero tiene unos costos financieros que se traducen en mayores tarifas, nuevos impuestos, recortes fiscales y reformas tributarias para poder cumplir con los pagos a la banca”, explica Gaviria Ocampo.

Una visión histórica del problema lo explica la socióloga Vilma Liliana Franco, investigadora del Instituto Popular de Capacitación (IPC) de Medellín, quien hace alusión a un empréstito que suscribió Empresas Municipales de Cali en 1970 con el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (conocido como Banco Mundial) para financiar el plan maestro de acueducto y alcantarillado de esa ciudad.

“Las cláusulas obligaban a la empresa a establecer un sistema tarifario por cada uno de sus servicios para garantizar una tasa de retorno que le diera seguridad al banco de que los pagos serían efectuados. Por muchos años, la gente se sitió asfixiada y obligada a pagar altos costos del crédito. Esto es natural para cualquier banquero, pero oneroso para quienes, con muy bajos ingresos, deben pagar las altas tarifas en servicios públicos”, comenta Franco.

Una visión actual de ese problema lo representan las poco más de 60.000 mil familias que por atraso en los pagos de sus facturas no tienen acceso a los servicios de energía y agua potable en Medellín y varios municipios que atiende Empresas Públicas de Medellín (EPM), entidad de orden municipal que precisamente acaba de recibir un préstamo del BID por 450 millones de dólares para invertir en proyectos de saneamiento de aguas residuales.

“Históricamente, el instrumento del crédito para la financiación del desarrollo infraestructural en el país ha sido demasiado oneroso para los sectores más pobres de la sociedad”, agrega la investigadora del IPC. “Lo cierto es que en esas concesiones no hay nada de altruismo, los banqueros pocas veces pierden y odian no ganar”.

La reflexión de la socióloga Franco se ve reflejada en los impactos sociales y ambientales que ha generado la inversión en grandes obras de infraestructura.

Margarita Flórez, del Instituto Latinoamericano de Servicios Legales (ILSA), una estudiosa del tema ambiental advierte sobre los efectos de la llamada Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), que agrupa una serie de grandes proyectos subregionales relacionados con la construcción de hidrovías, autopistas, gasoductos y puertos. Son cerca de 35 proyectos que requieren un poco más de cinco mil millones de dólares.

“Esa iniciativa tiene un valor agregado bastante peligroso para el medio ambiente si no es analizada como un sólo conjunto de proyectos y se deja a los estudios de proyecto por proyecto”, indica Flórez. “Con su ejecución se van a afectar ecosistemas que hasta ahora estaban bastante intactos como la Amazonía, las selvas del Mato Grosso, el desierto del Chaco y la Patagonia”.

En ese conjunto de proyectos Colombia tiene varias propuestas, entre ellas la carretera Pasto-Mocoa y las hidrovía del Meta y del Putumayo.

Gabriel Strautman, de REDE Brasil, una organización que le hace seguimiento a las operaciones de la banca multilateral, advierte del impacto social y ambiental que ha generado la construcción de la hidroeléctrica Caña Brava, en el estado de Goiás, financiada por el BID.

“Ha significado el desplazamiento de las comunidades tradicionales de esa región”, cuenta Strautman. “Además, con ellas no se tuvo ninguna consulta ni discusión. Además, se resisten a reconocer los derechos de la gente”.

El proceso inconsulto obligó a la gente de la región de influencia del proyecto hidroeléctrico de carácter privado, ejecutado sobre el río Tocantins, entre las municipalidades de Minaçu y Cavalcante, a constituir un movimiento de afectados por represas que, basados en su experiencia, exige respeto, participación y propone una reflexión a la manera cómo se invierte en desarrollo en la región.

“¿Por qué en lugar de construir nuevas represas, el Gobierno de Brasil no se dedica a una repotencialización de las existentes o mejor aún diseña una política seria de eficiencia energética?”, pregunta el activista de REDE. Y él mismo responde: “la construcción de una hidroeléctrica significa una concentración muy grande de recursos de inversión que atrae a grandes empresas interesadas en los recursos públicos para hacer su negocio. Ese es el verdadero motivador de las construcción de represas, no es la demanda de energía”.

Se proponen salidas

Si bien el diagnóstico es crítico, los analistas no se limitan a quejarse. Gaviria Ocampo, por ejemplo, plantea que una salida sería el fortalecimiento del Banco del Sur, una iniciativa de Brasil, Venezuela, Argentina, Ecuador, Uruguay y Paraguay que entrará en operación en mayo de este año.

“No se trata de pedirle una reestructuración al BID, pues sabemos que no lo hará”, precisa Gaviria Ocampo. “Se trata de construir mecanismos de financiamiento del desarrollo más autónomos, con propósitos más sociales y humanos, no financieros solamente”.

Otra propuesta planteada por este activista es la constitución de una moneda única regional, similar al Euro, que le permita a América Latina no depender del juego artificial que tienen con el dólar.

Por su parte Gabriel Strautman, considera que se debe revaluar el concepto de financiar proyectos de desarrollo basados solamente en indicadores financieros, en la demanda y oferta de tasas de ganancia: “Es una lógica fallida que causa esa serie de impactos, por ello la financiación debe responder a una lógica más social y humana”.

Finalmente, Vilma Liliana Franco advierte que también se debería romper con la secuencia de endeudamiento para financiar el desarrollo. “Es necesaria una reestructuración del gasto público que, en Colombia, significaría bajo gasto militar y mínimo servicio de pago de la deuda”.

En el fondo, de lo que se trata es de crear herramientas eficaces para que los países pobres puedan acceder a recursos que les permitan avanzar en la calidad de vida de sus habitantes y evitar que continúe la explotación por parte de aquellos agiotistas que sólo busca ganancias personales.

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