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miércoles, 22 de abril de 2009

Duras críticas del FMI a la Argentina ( que raro si dijeron que habiamos pagado la deuda no?)


El FMI planea castigar duro a la Argentina en su principal informe de coyuntura mundial, que difundirá esta mañana en vísperas de su asamblea conjunta con el Banco Mundial. En el Panorama Económico Mundial (WEO, por sus siglas en inglés), el organismo estima que la economía local sufrirá más por la crisis mundial que las de los vecinos Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Bolivia. Y como ya hizo tres veces desde el año pasado, también cuestiona las mediciones de inflación del INDEC, al consignar que para los analistas privados la suba de precios es “considerablemente mayor”.

Sumido en su peor crisis de credibilidad desde que fue creado por no haber previsto la crisis en curso, el Fondo recibirá desde mañana en su cuartel general de Washington a todos los ministros de Economía y presidentes de bancos centrales del mundo. Tratará de recuperar algo de oxígeno político con las reformas que se discutieron el mes pasado en Londres y mediante una nueva emisión de DEG –su moneda propia– que permitirá a los países miembro incrementar sus reservas de divisas, al menos contablemente. Por esa movida, el Central argentino se anotará unos 2.500 millones de dólares.

Los enviados del Gobierno no van con mandato de negociar préstamo alguno (ver recuadro), pero sí de reconstruir puentes de diálogo por si resulta necesario acudir al ente después de las elecciones. En caso de que no alcance con la caja de la ANSES para cubrir los pagos de deuda del resto del año, el oficialismo aún no descartó financiarse a través de las nuevas líneas de crédito “flexibles” que inauguró el Fondo con México semanas atrás.

El titular del ente, el francés Dominique Strauss-Kahn, también se mostró conciliador en sus últimos contactos con funcionarios argentinos. Pero el informe que se publicará hoy no deja dudas sobre lo que sigue pensando su staff de economistas ultraortodoxos sobre los Kirchner: que administran mal la economía y que eso incrementará el impacto local de la crisis global. Esa dureza podría complicar los planes de reconciliación que el Gobierno guarda bajo siete llaves.

Según pudo establecer Crítica de la Argentina en fuentes del FMI, el trabajo estima que la actividad económica caerá en el país un 1,5% este año, más que el promedio de 1,3% que espera para todo el mundo. De las naciones grandes de América Latina, sólo México y Venezuela tienen peor pronóstico. Para el primero se prevé un desplome del 3,7% por su vínculo estrecho con Estados Unidos, en el ojo del huracán. Y para la segunda, una caída del 2,2% por la baja del precio del petróleo.

La Argentina también aparece vinculada a Ecuador y Venezuela en el grupo de países donde “el costo del financiamiento ha aumentado sustancialmente”. Y se alza con el primer puesto en el ranking regional de los mercados cuyas empresas más valor perdieron en la bolsa. El derrape de las acciones líderes desde mediados de septiembre fue del 25 por ciento.

La inflación prevista para este año por la entidad multilateral es similar a la del año pasado. Y aunque las autoridades del INDEC intentaron evitar que se vuelvan a mencionar las dudas sobre el instituto y hasta se agenciaron una costosa gira por Estados Unidos para convencer a los técnicos del Fondo de que no lo hagan, el cuestionamiento volverá a figurar. Justo en el informe que más usan como referencia los inversores y gobiernos del Primer Mundo.

Otra mala noticia para la Argentina que vaticina el estudio es que el precio de las materias primas exportables (como la soja, el girasol y los metales) sólo repuntará “moderadamente” el año próximo. Y que el ahorro fiscal se recortará.

Para el resto del mundo, Strauss-Kahn no es mucho más optimista. El panorama considera las perspectivas actuales como “excepcionalmente inciertas” y arriesga que “incluso después de que la crisis haya terminado vendrá un difícil período de transición”. Lo que no especifica es si la transición será con otras instituciones como gendarmes de los intereses de los países ricos.

Un paraguas por si llueve

El ministro de Economía, Carlos Fernández, y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, partirán entre esta noche y mañana hacia Washington para participar de la asamblea conjunta del FMI y el Banco Mundial. No van a negociar aún un préstamo del ente que preside Dominique Strauss-Kahn, pero sí gestionarán un acercamiento con la entidad por si el Gobierno decide pedirle asistencia después de las elecciones. También esperan que se concrete la emisión de DEG (la moneda del FMI) que le aportará al país u$s 2.500 millones en reservas mediante un simple asiento contable. Fernández se verá con el secretario del Tesoro, Tim Geithner, y Redrado activará sus contactos con la banca.

lunes, 20 de abril de 2009

OBAMA Y LOS HIJOS DE AFGANIFTAN

Los objetivos de EEUU en Afganistán deben ser modestos, creíbles y sobre todo, debe haber una cara afgana en esta guerra. El pueblo afgano debe creer que esta es su guerra, y que estamos para ayudarlos. Si piensa que estamos allí por nuestro propio interés, nos irá como a todos los demás ejércitos extranjeros que han estado en Afganistán...'.

Robert Gates, Secretario de Defensa de EEUU. Exposición en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, 27/1/2009

El pasado 27 de Marzo, el presidente de EEUU, anunció en la Casa Blanca la nueva estrategia amplia para Afganistán y Pakistán. El propósito declarado para justificar la continuación de la ofensiva, que ya lleva 7 años, es que al Qaeda, sus aliados y el Talibán, están en Afganistán y Pakistán controlando parte de sus territorios y atacando constantemente a las tropas estadounidenses, de la OTAN y del gobierno afgano.

Según Obama, los informes de Inteligencia indican que al Qaeda estaría planeando desde Pakistán nuevos ataques contra el territorio continental de EEUU, de modo que la región fronteriza paquistaní '...es el lugar mas peligroso del mundo para la población Americana'.

Por otro lado puntualizó que, si el gobierno afgano es tomado por el Talibán, el país sería de nuevo una base de terroristas, se aislaría del mundo, se paralizaría su economía, el pueblo estaría condenado a un gobierno brutal e incluso al Qaeda podría infiltrarse en los altos niveles del liderazgo Talibán.

Agregó que Afganistán está inextricablemente ligado a Pakistán, ya que al Qaeda, sus aliados y líderes como Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri cruzaron su frontera y establecieron refugios seguros para atacar Afganistán. Debido a esa conexión, es que Obama ha destinado al embajador Richard Holbrooke como Representante Especial para ambos países.

Pero además afirma, que el problema no es solo para la Seguridad Nacional de EEUU sino que se extrapola a los demás países del mundo, ya que los líderes de al Qaeda en Pakistán tienen lazos con grupos terroristas en todos los continentes. '...Washington no quiere controlar Afganistán ni dictar su futuro, sino proteger al pueblo Americano confrontando un enemigo común que amenaza a EEUU, a sus amigos, aliados y a los pueblos de Afganistán y Pakistán'. Concluye que para ello, EEUU debe neutralizar al Talibán y desbaratar, desmantelar y derrotar a al Qaeda, previniendo su retorno o el de cualquier otros terroristas, lo que incluye erradicar sus refugios seguros en las áreas tribales de Pakistán.

Las causas que Obama presentó para seguir justificando ante el mundo la invasión militar a Afganistán, rememoran a las de la 'Operación Libertad Duradera' lanzada por el gobierno de George W. Bush en 2001. Washington cambia ahora el foco de la opinión pública de la desgastada imagen estadounidense por la masacre en Irak, a la 'nueva y justa' ofensiva en Afganistán ampliada a Pakistán.

Según el argumento planteado por la Casa Blanca, la organización al Qaeda (con el Talibán y otros) configuraría una compleja red mundial con centro actual en Afganistán y Pakistán, potencialmente operativa (directa o indirectamente) en 'todos' los continentes, cuyos atentados terroristas amenazarían especialmente a los países alineados con EEUU.

Pero suponiendo aún el caso de terror extremo enunciado por G.W. Bush (y reflotado por Obama en cuanto a que Pakistán es potencia nuclear), que de alguna manera pudiera ser detonada una bomba nuclear en una ciudad occidental de una aliado de EEUU, los terroristas no podrían hacer colapsar al país entero. Los atentados generalmente apuntan a influenciar a un gobierno, aunque es altamente probable que su efecto sea en sentido contrario al esperado por la organización extremista, y el atacado responda con el lanzamiento de alguna suerte de contra-ofensiva (como sucedió con el atentado 9/11, en que Washington nunca demostró que se haya planeado y organizado realmente en territorio afgano).

Una organización y un hombre Osama bin Laden, parecen seguir siendo el 'faro' para el accionar de la potencia militar mas poderosa de la historia y del planeta, que justifica en su amenaza la invasión y matanza en Afganistán por ejemplo, y que ampliada ahora a Pakistán sustituirá en cierta manera el negocio y la actividad bélica en Irak. Las guerras son negocios, empleo y progreso para EEUU como país.

Cabe preguntarse, cuáles son las razones que mueven a al Qaeda, el Talibán y sus aliados a semejante proyección mundial. Es probable que en una ofensiva pretendan expandir en gran escala su doctrina pan-Islámica y tal vez el Califato, pero al menos en Afganistán, ni al Qaeda, ni el Talibán tienen capacidad para tomar y controlar el país entero, aún sin la presencia militar de EEUU y sus aliados. En Afganistán el número de miembros de al Qaeda es extremadamente bajo, el mismo EEUU estima que la cantidad de combatientes en territorio afgano no llega a 3.000 hombres (1). Pero también es probable, que en la actual situación la estrategia de al Qaeda y el Talibán tenga mucho de respuesta defensiva contra la injerencia y ocupación extranjera.

Notablemente en su presentación de la nueva estrategia, Obama se arroga el saber lo que el pueblo paquistaní desea, y que es similar a lo que aspiran los estadounidenses: '... terminar con el terror, tener acceso a los servicios básicos, la oportunidad para cumplir sus sueños, y la seguridad que solo puede provenir con el gobierno de la ley. La única amenaza para este futuro viene de al Qaeda y sus aliados extremistas, y este es el porqué debemos permanecer juntos...'

Y agrega, '...es importante que los Americanos entiendan que Pakistán necesita nuestra ayuda para dejar atrás a al Qaeda. Hay vastas regiones tribales, rudas e ingobernadas, EEUU proporcionará asesoramiento y asistencia militar, pero no dará un 'cheque en blanco'. Pakistán debe comprometerse a erradicar los santuarios de al Qaeda y los extremistas violentos...'. Además para ayudar al país en la crisis económica, EEUU continuará trabajando junto al FMI y al Banco Mundial '...Pakistán debe comprometerse a reformas económicas que eleven el nivel de los paquistaníes incluidos en las regiones fronterizas de las Areas Tribales Federalmente Administradas (FATA), la Provincia Fronteriza Nor-Oeste (NWFP) y Balochistán, donde deberán fomentarse reformas en los gobiernos locales y provinciales'.

A pesar de la argumentación dada por Washington, la pregunta central ¿porqué EEUU está realmente en Afganistán? permanece abierta. Hace poco el embajador iraní en Tajikistán, Ali Asghar Sherdoust, planteó una cuestión mas básica aún '...Los países occidentales y los mediadores deberían dejar a los afganos sus asuntos y su destino... Países que distan miles de kilómetros de Afganistán insisten en gobernar sus asuntos internos mientras desconocen los intereses de sus vecinos.'

La estrategia amplia para Afganistán-Pakistán anunciada por Washington comprende el plano militar, civil y de seguridad regional.

En cuanto al plano militar, además de la redistribución de recursos y de tropas de Irak hacia Afganistán (especialmente a las regiones Sur y Este que no responden al gobierno afgano sino al Talibán), prevé el entrenamiento de todas de las Fuerzas militares y de seguridad afganas y su incremento numérico, '...cuyos salarios deberán ser mas competitivos que los pagados por los insurgentes... y parte del financiamiento del entrenamiento debe ser asumido por la comunidad internacional'. Así se estima que para 2011 podría serles transferido el control de la seguridad del país.

También el Pentágono intentará estrategias de lo que llama 'reconciliación con anteriores enemigos', es decir comprometer a una parte susceptible del Talibán y otros insurgentes, en una operación de contrainteligencia del tipo 'Despertar' aplicada en Irak a partir de 2006. Allí Washington destinó fondos para que el general David Petraeus soborne a determinados líderes de la insurgencia y pague a sus milicias, para disminuir los ataques contra los estadounidenses.

Cabe mencionar algunas diferencias con Irak. En la provincia iraquí de Anbar en 2006, los múltiples grupos sunnitas y chiítas se sumaban en la resistencia contra el invasor, pero simultáneamente libraban una confrontación sectaria entre sí, que produjo una fuerte redistribución de la población separando las componentes étnico-religiosas especialmente en Bagdad, proceso que por sí mismo, terminaría finalmente por reducir la escalada de violencia sectaria. Mientras tanto, los estadounidenses fogoneaban el enfrentamiento entre iraquíes y para sostenerse hasta que la violencia decreciera lanzaron las 'oleadas' de tropas. Durante el conflicto intestino los sunnitas comenzaron a ser sobrepasados brutalmente por grupos chiítas, algunos alineados con el gobierno de Maliki, lo que creó condiciones para que busquen la protección del mismo invasor estadounidense. Por otro lado, al Qaeda comenzó a disputar la influencia local y los negocios de los líderes tribales sunnitas (sheiks), muchos de los cuales habían recibido incentivos económicos de Saddam Hussein a cambio de colaborar en su gestión local. En la coyuntura los estadounidenses vieron la oportunidad de 'comprar' a algunos de estos líderes tribales, reconstruyendo su poder local y sus milicias. La conmutación de bando fue rápidamente publicitada por EEUU como un éxito propio y denominada 'movimiento Despertar'. Hoy, la población iraquí en Anbar sigue empobrecida y poco se ha hecho para mejorar la infraestructura destruida por la guerra, mientras los sheiks colaboracionistas enriquecidos y sus milicianos siguen financiados por el gobierno de Obama, llevando adelante lo que denominan 'reconstrucción'. Si bien EEUU logró una relativa calma en la región con lo cual considera a Irak 'estabilizado', la situación es de equilibrio inestable.

En Afganistán y en las regiones tribales de Pakistán también hay una serie de conflictos intestinos entre sunnitas y chiítas en el noroeste, pero el Talibán y otros grupos insurgentes como Hezb-e-Islami (HIA) tienen una posición fuerte en el conflicto contra el gobierno y los invasores, de modo que actualmente no se facilitan las condiciones para sobornar y fortalecer a algunos líderes, señores de la guerra y milicianos, como en Irak.

Uno de los objetivos de las nuevas oleadas de tropas de EEUU y la OTAN a Afganistán es ganar tiempo, e intensificar la guerra para debilitar y dividir a los insurgentes en determinadas regiones, y poder luego 'negociar' comprometiendo a grupos susceptibles o 'moderados' (como los señores de la guerra de la Alianza del Norte), aislando al núcleo Talibán considerado intransigente (como el Mullah Omar en línea con al Qaeda). La política de Obama parece haber tenido en cuenta la baja eficacia de la línea 'dura' de Bush en que prevaleció el uso directo de la fuerza la mayor parte del tiempo, de modo que de entrada incorpora un componente mas 'blando', como la negociación por conveniencia, tomando elementos de la idea del 'Poder Inteligente' de Clinton. Considera estimular las diferencias entre grupos insurgentes y comprometer con incentivos económicos, para en el momento oportuno constituirse en garante de sus esferas de influencia regional. Para ello, usando las lecciones de Irak, crearán Directorados Independientes de Autoridad Local, dirigidos por gobernadores provinciales que llevarán adelante la 'reconciliación' de insurgentes de los niveles bajos y medios, así como la rehabilitación de los capturados.

El gobierno afgano de Karzai no está sirviendo eficientemente para los nuevos propósitos estadounidenses. Obama señaló que su legitimación en el país está debilitada debido a su corrupción y anunció que '...El próximo despliegue de las 17.000 tropas requeridas por el general McKiernan, ayudará también a proveer seguridad para las importantes elecciones presidenciales en Agosto...' De modo que es muy probable que en realidad constituyan una oportunidad para que Karzai sea reemplazado por un nuevo dictador títere.

Por otro lado, como la autoridad del gobierno de Kabul no es acatada en todo el territorio afgano y G.W. Bush pretendía transformar al país en una 'democracia occidental', requeriría formar un gobierno central, legitimado y acatado dentro de los límites de lo que se definió como país (desde su configuración artificial con el trazado de la línea Durand (2)), un concepto compatible con la dinámica del capitalismo de mercado que concibe a Afganistán en un esquema de Estado plurinacional con fronteras. En cambio Obama más conocedor del islamismo, habla pragmáticamente de '...el gobierno que se necesita en Kabul'. Para la cultura árabe no es prioritaria la escala de valores materiales asociados con el concepto occidental de Estado nación con fronteras. Washington lo mismo que Londres, han advertido que Afganistán no puede ser un Estado 'unitario', es decir con un único gobierno central con autoridad en todo el país, de modo que proponen que el poder del Estado sea repartido entre los líderes locales, pero bajo el control de EEUU, lo que incluiría al Talibán para las regiones pastunes.

Por su parte Pakistán, en principio no acepta oficialmente la entrada de tropas estadounidenses en su territorio, y una parte del Ejército y el Servicio de Inteligencia paquistaní (ISI, Inter-Services Intelligence) apoya al Talibán. EEUU no tiene hasta ahora, suficiente Inteligencia dentro de Pakistán, ni influencia sobre su gobierno para revertir a su favor la situación.

Pero la creciente injerencia en los asuntos internos paquistaníes, se muestra en las incursiones sistemáticas encubiertas de Fuerzas especiales de EEUU sobre su región fronteriza occidental, y en la ofensiva con aeronaves artilladas no tripuladas teledirigidas (drones). Los drones (3) despegan desde 3 bases secretas en territorio pakistaní y luego son comandados directamente desde EEUU. Su control en vuelo es transferido por satélite a 'pilotos' estadounidenses situados a miles de kilómetros en las bases de la Fuerza Aérea Creech y Nellis próximas a Las Vegas (Nevada, EEUU). Desde allí se ocupan de asesinar a mas civiles pakistaníes que presuntos líderes insurgentes (y no exactamente porque éstos se oculten detrás de la población y la usen como escudo). El Pentágono supone que logrará paralizar a los insurgentes, 'decapitando' sus organizaciones, es decir asesinando a sus líderes uno por uno. Sin embargo, esta estrategia resulta poco eficaz con una resistencia que opera en forma descentralizada y que ataca en grupos pequeños con tácticas tipo enjambre. Incluso podría producir el efecto inverso y fortalecerla. Para detener una fuerza enemiga convencional es necesario producirle pérdidas del orden de 1/3, en cambio si se trata de una organización armada no convencional como la anterior se necesita suprimir el doble.

La estrategia militar también comprende un significativo nuevo ingreso de contratistas militares privados es decir mercenarios, que Obama no menciona, con tareas como reforzar la protección de convoyes e instalaciones de EEUU.

En el plano civil la estrategia presenta nuevos aspectos, ante el empantanamiento de la anterior de G.W. Bush con carácter netamente militar. La nueva estrategia amplia aumenta significativamente el componente civil, para una guerra no militar o política sobre la población afgana y paquistaní, es decir, se trata de una estrategia de contrainsurgencia y contraterrorismo cívico-militar.

Obama espera inyectar durante los próximos cinco años, 1.500 millones de dólares/año directamente sobre la población paquistaní, construyendo escuelas, hospitales, rutas, desarrollando la economía en zonas fronterizas, e incrementando las inversiones y el comercio con EEUU, implementando 'Zonas de Oportunidad para la Reconstrucción' . Busca además el compromiso de líderes civiles y militares en el mismo Islamabad. El Pentágono asistirá a las Fuerzas de Seguridad paquistaníes en las operaciones de contraterrorismo y contrainsurgencia con entrenamiento, suministrando helicópteros, equipos de visión nocturna y otros, especialmente para los cuerpos de frontera de las Fuerzas Paquistaníes de Operaciones Especiales.

Obama afirmó que en Afganistán la corrupción subyace en el gobierno electo, lo que ha dificultado que la población reciba los servicios básicos durante los últimos 7 años, mientras que la economía recibe impulso pero del tráfico de drogas que estimula la criminalidad y financia la insurgencia. De modo que EEUU enviará a las provincias y hasta el nivel de tribus locales, importantes 'oleadas' civiles de especialistas en agricultura (para crear empleo en el sector agrícola y debilitar la influencia de al Qaeda y el Talibán sobre los desempleados), educadores, ingenieros y abogados para proveer infraestructura básica y crear alternativas a la insurgencia.

Por su parte el Departamento de Estado y la USAID (United States Agency for International Development) invertirán en Programas de Asistencia en el largo plazo.

Estas operaciones requerirán que los aliados y socios de EEUU en Naciones Unidas aumenten su participación. La contrainsurgencia trata, de que crezca la minoría activa de la población que apoya a los invasores y/o al gobierno mientras disminuye la facción militante opositora, y además volcar a la mayoría de la población no deliberativa o neutral a que acepte a los estadounidenses. La contrainsurgencia estadounidense estima que para evitar que se siembre desorden debe contar con más del 51% del apoyo popular pasivo, es decir una sólida mayoría. (4)

Como ya hizo con éxito en Irak, EEUU desarrollará urgentemente en Afganistán una estrategia comunicacional sobre la población mediante medios electrónicos, radio, telecomunicación y otros, para mejorar la imagen estadounidense y de sus aliados, y contrarrestar la campaña de información enemiga.

En cuanto a la seguridad regional, la nueva estrategia busca involucrar a la comunidad internacional mediante las Naciones Unidas para llevar adelante los objetivos de la Casa Blanca. Además de las reuniones de diálogo y cooperación trilateral EEUU-Pakistán-Afganistán, Washington amplía el enfoque diplomático al establecer un foro de cooperación económica y para la seguridad regional, y un 'Grupo de Contacto' que junte no solo a sus aliados de la OTAN sino también países de Asia Central, del Golfo, Irán, Rusia y China.

Sin duda, buena parte de la estrategia de Washington (Irak-adaptada) para 'estabilizar' Afganistán, será financiada de una manera u otra por las poblaciones de la mayoría de los países, en cuanto a la dinámica de la mundialización y el sistema mundial del dólar (como divisa internacional de reserva y transacción), hoy cuestionado pero perfectamente vigente. En el aspecto económico de su proyecto de transformación de Afganistán y Pakistán hay un factor común : el funcionamiento del capitalismo de mercado, libre de impedimentos religiosos, nacionalistas, y extremistas sean terroristas e insurgentes. De modo que con la pantalla de las Naciones Unidas convoca a la asistencia cívico-militar de otros países de economía capitalista, como socios en los beneficios.

Pero la nueva estrategia para Afganistán/Pakistán es parte de otra mucho mayor. Actualmente, los únicos países con capacidad militar para resistir a EEUU/Gran Bretaña son Rusia y China, que funcionando en los grados de libertad del sistema capitalista pueden llegar a representar una amenaza no menor respecto al anterior aislacionismo, que ejercía Occidente para los regímenes socialistas. Un objetivo fundamental, del que no hay indicios que haya sido modificado, es que EEUU debe evitar que emerja un poder único o una alianza dominante que amenace, no solo su supervivencia sino su hegemonía global, aún en un mundo multipolar.

Washington deja traslucir que para que sus intereses avancen en Afganistán necesita involucrar no solo a sus aliados en la OTAN, sino a países limítrofes y de la región que comprende a Rusia, China (e Irán). La dinámica de 'estabilización' de Obama busca gestionar puntos en común con los intereses de esos países sobre Afganistán, y requiere que por el momento no se profundicen conflictos regionales clave que tienen relación, como Pakistán-India (Cachemira) y a su vez indirectamente India-China (Tibet) por ejemplo.

Así, los intereses de Washington se acercan a los de Moscú para evitar que la influencia del Talibán y otros movimientos extremistas en Afganistán avancen hacia sus fronteras, pero al mismo tiempo divergen en cuanto a que Rusia debe evitar la influencia de EEUU. Afganistán es una ruta comercial y energética entre Asia Central y Oriente Medio, y su estabilización (dejando de ser zona de guerra), permitirá la inversión para la construcción de oleoductos propiciados por los estadounidenses (como el TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India)), que entrarán en conflicto con el suministro ruso de energía a Asia Central.

En vísperas de la última cumbre del G 20, Rusia autorizó el paso aéreo y por ferrocarril de pertrechos de EEUU y la OTAN por su territorio hacia Afganistán, de este modo alivia las tensiones en el Cáucaso y Asia Central (posibles rutas alternativas).

Sin duda la relación, va mucho mas allá de un aparente punto de inflexión hacia el mejoramiento de los vínculos (después de Georgia) como se mostró al reunirse los mandatarios Obama y Medvedev, en la última cumbre del G 20.

La extensión de la Unión Europea y la expansión de la OTAN con su primera acción militar extra-Europa, no solo ganan influencia sobre Rusia, China y peso sobre la Organización de Cooperación de Shangai (SCO), sino sobre la misma Unión Europea ya que debilita su coherencia.

En el marco de la estabilización de Afganistán, Washington no solo no necesitaría por ahora un conflicto con Irán, sino que negociaría por sus buenas relaciones con el gobierno de Karzai y malas con el Talibán, de modo que Obama parece estar cediendo terreno al plan nuclear iraní para fines pacíficos. Facilitaría a Irán el acceso a un futuro banco internacional de combustible nuclear en Kazakistán (con sus grandes reservas de Uranio), respaldado por EEUU y Japón, que pondría todo el enriquecimiento de uranio bajo control internacional. Una iniciativa que confronta directamente sobre las fronteras de Rusia y China.

En vista de los relativos resultados de la política exterior confrontativa de G.W. Bush y la crisis económica interna de EEUU, en la nueva etapa de Obama se va insinuando una tendencia hacia un mayor diálogo, cooperación y negociación (aunque con reminiscencias a aquella política con la que avanzaba el Imperio Británico), que sin embargo puede resultar mas peligrosa aún, para los intereses nacionales de los países.

El Mullah Omar, líder de un importante sector de los talibanes, que aún en divergencia con otras fuerzas originarias se consideran todos 'hijos de Afganistán', manifestó '...No se necesita avanzar en la tecnología para contra-atacar a los EEUU. Ellos son por lejos superiores. Cuando logremos dar un paso adelante en tecnología, ellos ya habrán dado varios contra nosotros. La mejor estrategia es comprometerlos con nuestro estilo de guerra, mantenerlos ocupados en esas montañas... y dejarlos que se desangren.'

domingo, 19 de abril de 2009

Solo Cortazar para pegarle al Imperio



Hoy en un domingo desapacible, frió, casi lluvioso y nada otoñal, con frió...
vamos con más de Cortazar..
En este caso, el ultimo viaje de Cortazar...Filantropia, palabras de Cortazar 9 de 9..hermosos y
Casa Tomada, ricos todos riquisimos en profundidad...

buen domingo

picamiel

lunes, 13 de abril de 2009

La hora de la verdad: Obama en la Cumbre de las Américas en Trinidad-Tobago Atilio Boron La inminente cumbre de las Américas pondrá a prueba la seri

La inminente cumbre de las Américas pondrá a prueba la seriedad de las palabras pronunciadas por Joseph Biden en la “Cumbre del progresismo” que tuvo lugar en Viña del Mar a finales de Marzo. En esa oportunidad el vicepresidente de Estados Unidos dijo que “se acabó la época en que dábamos órdenes”.

Lo curioso es que pese a tan promisorias palabras Biden fue muy enfático al afirmar que continuaría el bloqueo contra Cuba, ya próximo a cumplir medio siglo de vida. ¿Cómo conciliar ambas expresiones? La Casa Blanca dice por medio de su calificado vocero que desea instalar en la región un clima de diálogo, respeto y comprensión; pero, simultáneamente, revela que no está dispuesta a poner fin a un bloqueo criminal e ilegal que ha concitado el repudio universal desde hace décadas. ¿Cuál de estas dos afirmaciones representa la política de Barack Obama hacia nuestra región?

Con su enigmática declaración Biden fortalece la impresión de que más allá de sus encendidas promesas de campaña, sintetizadas en la fórmula “somos el cambio”, la administración Obama no parece demasiado preocupada por diferenciarse de su predecesor. Las grandes orientaciones de la política exterior de George W. Bush gozan de muy buena salud en dos áreas estratégicas de la Casa Blanca: guerra y economía. En la primera, habiendo no solo ratificado en su cargo al halcón Robert Gates como Secretario de Defensa sino también reforzando la presencia militar estadounidense en Afganistán y Pakistán mientras que el prolongado estacionamiento de sus tropas en Irak parece destinada a convertir a ese sufrido país en un eterno enclave neocolonial norteamericano. En lo tocante a la economía, el equipo de asesores y expertos seleccionado por Obama reúne a los cerebros que concibieron y llevaron a la práctica la radical desregulación del sistema financiero de los años noventas causante del fenomenal estallido de la burbuja especulativa en el verano boreal del 2008. Lo que se sabe de gentes como Robert Rubin, Lawrence Summers, Timothy Geithner y Paul Volcker es que los caracteriza una inconmovible fidelidad al neoliberalismo y a los intereses que éste representa: el capital financiero y los gigantescos oligopolios norteamericanos. Su presencia en la nueva administración de los demócratas pone de manifiesto su pertinaz empeño por restaurar la situación existente con antelación al estallido de la crisis, aplicando la misma medicina que ocasionara la debacle actual. Había otros economistas que, desde una perspectiva crítica y a la vez realista, podrían haber asesorado mucho mejor a Obama: mencionemos apenas dos, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, y Joseph Stiglitz, que obtuvo ese mismo lauro en el 2001. Pero Obama prefirió depositar su confianza en los gastados gurúes del neoliberalismo, con lo que se esfuman las esperanzas de una salida razonablemente civilizada de la crisis actual. El show mediático montado días atrás por el G-20 en Londres no permite pensar en otra cosa.

Bajo estas condiciones las declaraciones del nuevo gobierno estadounidense en el sentido de flexibilizar algunas restricciones en materia de viajes y visitas de familiares a Cuba merecen un aplauso, pero el mantenimiento del bloqueo económico a Cuba es absolutamente inaceptable y debe ser condenado sin atenuantes. Esto señala inequívocamente la magnitud del hiato que separa al Obama de la campaña electoral del Obama ocupante de la Casa Blanca. Agregaríamos: también del abismo que separa las ilusiones de los cultores de la “obamamanía” en muchos países de la región y fuera de ella, principalmente en Europa, de las políticas que aquél está llevando a cabo en su inescapable condición de jefe del imperio. Sus promesas de revisar la política anti-cubana que los sucesivos gobiernos de la Casa Blanca instalaron desde los inicios mismos de la Revolución parecen destinadas a ser llevadas por el viento. Hasta ahora, lo que se advierten son gestos dirigidos a maquillar el bloqueo pero nada más. Un bloqueo que, conviene recordarlo, es económico, comercial, financiero, migratorio (por la canallesca “Ley de Ajuste Cubano”) e informático, impidiendo a la isla acceder a bandas de Internet de alta velocidad.

El terco mantenimiento de esta situación es un síntoma revelador de sorprendentes patologías políticas que entorpecerán la gestión innovadora que debería tener un presidente estadounidense enfrentado a una crisis como la actual. ¿Cuáles patologías? Veamos: en primer lugar, la de una superpotencia imperialista que en lugar de definir su política exterior en función de sus intereses nacionales y criterios globales mantiene una agresiva política hacia un país, Cuba, que de manera alguna amenaza su seguridad nacional. El resultado ha sido la profundización del descrédito de Estados Unidos en la arena internacional, la irritación de los gobiernos y las poblaciones del hemisferio y una sensible pérdida de influencia en la región, puesta en evidencia por el espectacular fracaso del ALCA, ignominiosamente sepultado en la anterior cumbre de presidentes reunida en Mar del Plata en 2005. ¿Cuál fue el pecado de Cuba? Algo imperdonable para los amos del imperio: haber luchado exitosamente por su autodeterminación y por su dignidad, desembarazándose de las cadenas que la aherrojaron primero al colonialismo español y luego al imperialismo norteamericano. Por eso se la castiga brutalmente, como un escarmiento ante su osadía y como una lección para quienes sueñen con imitarla. Pero el tiempo se encargó de demostrar que lo único que logró esa política fue alimentar el sentimiento anti-imperialista de las masas y crear las condiciones para el advenimiento de una pléyade de gobiernos de izquierda y centroizquierda que, por distintas razones, frustraron el “sueño americano” de una América Latina sometida a los designios del ALCA.

En segundo lugar, Estados Unidos se presenta como un curioso país que, por lo dicho más arriba, no tiene una sino dos políticas exteriores: una, para Cuba y otra para el resto del mundo. En materia migratoria, la “Ley de Ajuste Cubano” otorga la green card a cualquier ciudadano cubano que pise suelo norteamericano; para el resto del mundo, en cambio, existen complicadísimos trámites de inmigración. El migrante haitiano, o dominicano, que arriesga su vida atravesando el Caribe en frágiles embarcaciones será hecho prisionero y luego devuelto a su país de origen en caso de ser atrapado; el cubano, en cambio, una vez que pisa suelo estadounidense automáticamente pasa a disfrutar de todas las franquicias que se conceden a los inmigrantes legales. En el caso de la frontera sur de Estados Unidos la persecución a los indocumentados mexicanos o centroamericanos es implacable: no sólo se ha erigido un infame muro en la frontera mexicano-estadounidense; también están la cacería de “la migra” y las masacres de los vigilantes de la frontera, todo lo cual contrasta odiosamente con el trato privilegiado que se otorga a los inmigrantes cubanos. Otro ejemplo de patología política: el Departamento de Estado condena incansablemente al régimen de partido único de Cuba, denuncia los supuestos déficits de su “calidad institucional” y proclama abiertamente la necesidad de producir un “cambio de régimen”, eufemismo para referirse a la concreción de la contrarrevolución. Pero esta política, con su definición de principios, contrasta llamativamente con las fraternales relaciones que Washington cultiva con Arabia Saudita, país en el cual los partidos políticos están prohibidos, el despotismo monárquico es absoluto y la democracia una quimera; contrasta también con las intensas relaciones económicas forjadas con países como China y Vietnam cuyos sistemas de partidos son muy similares al que existe en Cuba. ¿Cuál es la razón de tamaña discriminación, de esta colosal inconsistencia de la política exterior norteamericana? No hay razón alguna; sólo el chantaje de un lobby mafioso ante el cual Washington se postra deshonrosamente.

Tercera patología: el bloqueo revela que Cuba ocupa un lugar especialísimo en el imaginario de la clase dominante estadounidense. Pese al tiempo transcurrido sus integrantes y sus representantes políticos no se resignan haber perdido a Cuba e insisten en recuperarla, en apropiarse de ella apelando a cualquier recurso. Cuba es su enfermiza obsesión, la sienten como un trofeo de guerra –de una guerra donde los patriotas cubanos habían derrotado al poder colonial español y que luego Estados Unidos con sucias artimañas les arrebató la victoria- y en pos de ella son capaces de cualquier cosa. Casi medio siglo de bloqueo es un fenómeno que no tiene parangón en la historia del imperialismo. Imperios anteriores, desde Esparta y Roma hasta hoy, sitiaron por un tiempo algunas ciudades. Pero sostener un bloqueo integral como el que padece Cuba es algo que no tiene precedente alguno en la historia de la humanidad. Constituye una monstruosidad, una verdadera aberración y una imperdonable inmoralidad. El mantenimiento de una política que ha fracasado ostensiblemente, que ha terminado por aislar a Estados Unidos, sólo puede comprenderse como una señal de la decadencia de la clase política norteamericana. Con la inminente reapertura de las relaciones diplomáticas con Costa Rica y El Salvador, Estados Unidos será el único país del sistema interamericano que no tiene relaciones con Cuba. ¿Cómo sostener una política que no sólo ha fracasado en promover el tan anhelado “cambio de régimen” sino que, a su vez, ha convertido a Estados Unidos en una suerte de paria del sistema internacional cuando en la última votación de la Asamblea General de la ONU el bloqueo fue condenado por 185 de los 192 países miembros de la organización?

Por consiguiente, si Obama quiere dar un nuevo comienzo a la relación con América Latina y el Caribe hay un primer paso que es inevitable: debe levantar total e incondicionalmente el bloqueo e iniciar de inmediato conversaciones para normalizar la relación con La Habana. Debe reconocer que Cuba no está aislada y que quien está aislado es Estados Unidos. Con el transcurrir de los años el prestigio de Cuba se ha ido agigantando, porque siendo un país pequeño ha demostrado una notable coherencia y fortaleza en su política exterior. Cuba ayuda más que Estados Unidos a los pueblos de nuestra América y, en general, del Tercer Mundo; lo hace con sus médicos, sus alfabetizadores, sus técnicos, sus entrenadores deportivos y su amplísimo programa de cooperación científica y técnica con unos cien países. Cuba da, mientras Estados Unidos quita. Y la ejemplar resistencia de Cuba le ha granjeado el respeto de la comunidad internacional y, muy especialmente de los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe, cualesquiera que sean sus orientaciones políticas. Los gobernantes que acudirán a la cita de Trinidad-Tobago no podrán profundizar las relaciones de cooperación con la Casa Blanca en materias como la migración, el narcotráfico, el terrorismo y tantas otras a menos que se remueva de raíz el obstáculo que representa el mantenimiento del bloqueo a Cuba. De lo contrario pagarían un enorme costo político y podrían ser desalojados del gobierno más pronto que tarde. Hay varios ejemplos recientes que ilustran este aserto.

Demorar el levantamiento del bloqueo sólo servirá para perjudicar al interés nacional de Estados Unidos y los de numerosos individuos y empresas de ese país, sacrificados en aras de un lobby como el que aglutina la Fundación Nacional Cubano-Americana que es una verdadera vergüenza para la política norteamericana. Esto se va tornando cada vez más obvio para una parte creciente de la dirigencia política estadounidense. La misiva que el senador Richard Lugar le enviara al Presidente Barack Obama el 30 de Marzo de este año es sumamente elocuente. En ella, el senador por Indiana dice que la política de Estados Unidos hacia Cuba ha fracasado y que, debido a ello, “nuestros intereses políticos y de seguridad más globales” están siendo socavados. Esto requiere una “transición en las relaciones cubano-estadounidenses” y el momento para la misma es ahora: durante la Cumbre de las Américas. Lugar agrega que la política seguida por la Casa Blanca contrasta estridentemente con el acrecentado relacionamiento de los países de América Latina y el Caribe con Cuba. Las recientes declaraciones anunciando planes para restablecer las relaciones diplomáticas con Costa Rica y El Salvador, la serie de visitas a La Habana por los presidentes de Ecuador, Bolivia, Venezuela, Chile, Argentina, Brasil, Haití, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua y Honduras y varios más del área del Caribe y la incorporación de Cuba al Grupo de Río demuestran, a su juicio, la soledad en que ha caído Estados Unidos. “El embargo dispuesto sobre Cuba es asimismo fuente de controversias entre Estados Unidos y la Unión Europea, así como en las Naciones Unidas, que ha aprobado una resolución muy ampliamente refrendada por los demás países condenando el embargo de Estados Unidos durante los últimos 17 años. Para el resto del mundo”, continúa Lugar, “nuestro actual enfoque desafía toda lógica: aún durante los momentos más álgidos de la Guerra Fría, los canales diplomáticos directos con la ex Unión Soviética jamás fueron cortados.” Agregaríamos: ¿cómo es posible que Estados Unidos mantenga conversaciones con países como Irán y Corea del Norte y se niegue terminantemente a hacerlo con Cuba? ¿Cómo justificar tan enfermizo empecinamiento?

El mensaje de Lugar es suficientemente claro: en una época de crisis como esta la Casa Blanca no puede darse el lujo de seguir siendo vista con enorme recelo por pueblos y gobiernos de la región. Su credibilidad internacional como una potencia que se ha arrogado la misión de promover la paz, la libertad y la democracia se desvanece irreparablemente por su política anti-cubana, aparte de tantas otras. La intención de Obama de ser visto como una radical renovación de la política norteamericana quedaría como una palabrería vacía de todo contenido si su gobierno no produjese, ya mismo, una radical rectificación de su política hacia Cuba cuyo primer paso es el inmediato levantamiento del bloqueo (que en Estados Unidos prefieren denominarlo mañosamente como “embargo”, concientes del repudio universal que concita esta política). Por otra parte, no debería escapar a la atención de los estrategos norteamericanos que el imprescindible mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y los países de América Latina –imprescindible, decimos, dada la inédita debilidad de la superpotencia estancada en aventuras militares sin destino en Irak y Afganistán y brutalmente golpeada por la crisis económica- se vería negativamente influenciado por el mantenimiento del bloqueo. Todos los países de la región, aún aquellos gobernados por partidos o coaliciones de derecha, se han manifestado en contra del bloqueo, y para Washington sería imposible conferirle credibilidad a su promesa de fundar un nuevo patrón de relaciones inter-americanas si al mismo tiempo se preserva una retórica y una política inspiradas en el apogeo de la Guerra Fría. No sólo se perjudican los intereses económicos estadounidenses sino también se atenta contra la credibilidad global de la política exterior norteamericana.

En otras palabras, las buenas relaciones en el ámbito interamericano deberán construirse sobre la base de gestos e iniciativas concretas que demuestren la seriedad de las intenciones de la Casa Blanca, su capacidad real para producir políticas innovadoras y los alcances de su pregonado compromiso con un orden hemisférico basado en el diálogo y el respeto mutuo. Los gobiernos de América Latina y el Caribe que asistirán a la Cumbre de Trinidad-Tobago saben que sin acabar con el bloqueo el nuevo orden que Washington pretende construir será inviable, estará muerto antes de nacer. Pese a su ausencia Cuba tendrá un papel estelar en esa reunión y nuestros gobiernos deberán actuar con gran firmeza y coordinadamente para exigir el levantamiento del bloqueo; de lo contrario serán copartícipes del fracaso, pagando un alto costo en sus respectivos países. En Puerto España Obama se enfrentará a la hora de la verdad. Su conducta en ese cónclave será el test ácido que pondrá de manifiesto si está o no a la altura de los desafíos que le impone la historia. Y esto no sólo en relación a la cuestión cubana sino también ante los gravísimos retos que brotan de la crisis general del capitalismo.

Atilio Boron

domingo, 12 de abril de 2009

"Si algo me sucede será culpa de EEUU"

Sin comer. El mandatario, reposa en su cuarto día de huelga de hambre en La Paz. Sostuvo que "la huelga de hambre y el pueblo movilizado continuarán hasta que se apruebe esta ley transitoria electoral". (EFE)
El presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció este domingo que no asistirá a la Quinta Cumbre de las Américas, a realizarse en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, del 17 al 19 de abril.

Morales, que cumple el cuarto día de una huelga de hambre por un nuevo código electoral, comunicó su decisión en contacto telefónico con su colega venezolano, Hugo Chávez, en el programa El pueblo es noticia de la televisión estatal de Bolivia.

Además, advirtió que si le sucede algo a él o a su vicepresidente, Álvaro García Linera, será culpa de la embajada de Estados Unidos y la "derecha fascista" de su país.

"Posiblemente tengo los días contados. Que sepa el pueblo boliviano si pasa algo con Evo, con Álvaro, con los ministros será obra de la derecha fascista que se está organizando con apoyo de la embajada de Estados Unidos", alertó Morales desde su cama en el Palacio Quemado.

El mandatario denunció que la oposición intentó desgastarlo, luego buscó derrocarlo con un golpe de Estado y ahora quiere intentar acabar con su vida.

Para graficar el escenario, Morales recordó el golpe de Estado que sufrió su par venezolano Hugo Chávez en abril de 2002.

"En ese golpe la tarea era acabar con tu vida y tengo información de que el imperio está arrepentido de no acabar con tu vida. El pueblo y la madre tierra nos salvan. Y ahora dice la derecha que no pueden cometer el mismo error de Venezuela", señaló.

El mandatario, que habló por el lapso de 10 minutos, se negó a levantar su medida hasta en tanto el Congreso no canalice la ley electoral.

"La huelga de hambre y el pueblo movilizado continuarán hasta que se apruebe esta ley transitoria electoral", insistió al asegurar que, no obstante su propuesta, "estamos convencidos que esos grupos no quieren garantizar esta ley para garantizar las elecciones nacionales de este año".

En tanto, Linera volvió a pedir a la oposición de derecha que vuelva al recinto y anunció que la sesión congresal se reanudará en el mediodía de hoy. "Con qué nos saldrán mañana -los opositores-, y sabremos si estamos ante mentirosos o políticos que se preocupan de la institucionalidad", se preguntó.

Por otra parte, Evo accedió al pedio de la oposición de crear un nuevo padrón electoral aunque anunció que mantendrá la huelga de hambre hasta que el congreso apruebe la ley que "garantice las elecciones generales del 6 de diciembre".

"La salud del presidente es buena. Ha bajado de peso pero su salud es buena. Él está sometido a tres controles médicos por día", informó el ministro de Salud, Ramiro Tapia, tras verificar el ánimo y salud del mandatario.

Además, Morales garantizó el financiamiento para la construcción de un nuevo padrón electoral de última tecnología, con la supervisión de veedores internacionales -tal como lo exigió la oposición de derechas a su gobierno para aprobar en el Congreso una nueva ley electoral- y a condición de que la Corte Nacional Electoral (CNE) asegure la celebración de elecciones generales el 6 de diciembre próximo en Bolivia, informó la agencia ABI.

LA SOLIDARIDAD DEL "EJE BOLIVARIANO". Durante una llamada telefónica, Fidel Castro -quien mantuvo un encuentro el pasado viernes con Hugo Chávez en La Habana- expresó su apoyo al presidente boliviano. En un artículo publicado en Granma, Castro explica cómo telefoneó a Morales "a las 22 y 20 horas -del pasado viernes-": "Tuve el placer de escuchar su voz serena, pero firme, confiado en la justicia de su causa. Le expresé nuestra alegría por su buen estado de salud. Lo felicité por su firmeza y sus palabras serenas y elocuentes, que no insultan ni hieren a nadie... Le transmití un mensaje solidario y nuestra confianza en su victoria", remató.

jueves, 9 de abril de 2009

La Reserva Federal y el Poder Mundial


La Reserva Federal, o FED (según su abreviatura en inglés) fue fundada en 1913 a iniciativa del poderoso y tradicional imperio de la banca europea de la familia Rothschild concretando un ambicioso proyecto de conquistar Nueva York con la audaz intención de ganar una posición de fuerza en las finanzas norteamericanas. Con asociados yanquis y europeos, llegó el grupo a constituir el mayor círculo de poder del mundo económico, financiero, político, industrial y de comunicaciones. A casi un siglo de su fundación, en esta crisis busca consolidarse aun más dentro del "capitalismo salvaje". Como en situaciones anteriores, no es descartable la posibilidad de llegar a otra guerra mundial. Ante esta última perspectiva cabe recordar la profecía de Albert Einstein: "No se cómo será la tercera guerra mundial, pero cuarta será con piedras y lanzas".

El proyecto comenzó cuando la Banca Rothschild instaló en Nueva York a un agente llamado Paul Warburg. A través de él se reclutaron fuertes aliados yanquis con empresas de renombre como John Rockefeller I con su Standard Oil Company, el zar de los ferrocarriles Edward Harriman, el magnate del acero Andrew Carnegie, más los banqueros Lehman, John P. Morgan & Co. Kuhn Loeb & Co. y Jacob Schiff.

A ese ramillete, los Rothschild agregaron a sus propios bancos europeos más los de Lazard Frères de París, al citado Paul Warburg como operador en Holanda y Alemania, e Israel Moses Seif de Italia. Siempre encabezados por la familia Rothschild seguida por los Rockefeller, instalaron entre los siglos XIX y XX diversas sucursales en el interior de Estados Unidos de la Federal Reserve Banks (FED) y juntos dieron el gran salto.

Con manejos lobistas nunca bien justificados, lograron en 1913, entre gallos y medianoche, siendo presidente de EEUU Woodrow Wilson, autorización para funcionar como banco central privado. Se le acordó la exclusividad para emitir moneda norteamericana con la garantía del estado. Las entidades financieras fundadoras internacionales ya nombradas, conformaron el directorio, designando primer presidente a Paul Warburg el hombre de los Rothschild.

En las dos guerras mundiales Estados Unidos fue el único país que salió ganancioso de las mismas y el resto de aliados endeudados, sufriendo penosa desocupación y convulsiones sociales. El dólar se convirtió en el rey de los intercambios internacionales, desplazando definitivamente a la inglesa libra de oro, hasta usada como fichas en casinos.

"El oro de reserva por las emisiones de marcos alemanes se convirtió en botín de guerra. Más de 30.000 toneladas del oro universal se acumularon así en Estados Unidos. El oro sirvió de cobertura al dólar. Pero como gran parte estaba haciendo el papel de reserva monetaria en las cajas de los bancos centrales extranjeros, Estados Unidos pudo seguir imprimiendo más dólares, en cantidades que ya no se correspondían con sus reservas en oro. En 1971, el discutido Richard Nixon, presidente entre 1969 y 1974, anuló la convertibilidad del dólar en oro y, asimismo, la garantía del estado sobre el valor del dólar. Se trata de la moneda privada libre de la FED. Pero la masa monetaria de dólares que la FED pone en circulación (desde marzo 2006 no ha publicado la cantidad de la masa monetaria) se ha convertido en un problema sin solución: la masa mundial de bienes se cuadriplicó durante los últimos 30 años, pero la masa monetaria se multiplicó por 40 ¿cómo funciona este banco privado con derecho a imprimir los dólares? La FED produce dólares. Los presta al gobierno de Estados Unidos a cambio de obligaciones que le sirven a la FED como garantías. Los bancos de la FED en posesión de esos títulos perciben intereses anuales. Muy astutos. ¿No les parece? Ya en 2002, las obligaciones en poder de la FED alcanzaban un valor de 5 TRILLONES de dólares. La FED se hizo de ese increíble patrimonio prestándole dinero al gobierno y los intereses que paga el contribuyente estadounidense siguen aumentando constantemente. "

Sin embargo, los controles sobre sus actividades fueron siempre un misterio como sus variadas ampliaciones de facultades. La FED creó las normas de la globalización internacional. Está dirigida como una entidad de capitales privados, por 12 grandes bancos norteamericanos y europeos.

Si se repite que la crisis es la más grande de la historia de la humanidad, no estamos exagerando. El influyente archimillonario yanqui Warren Buffet, refiriéndose a esta nueva calamidad, dice que "Estados Unidos cayó en un precipicio".

Preocupante carencia de información de la FED

Cuando durante 30 años ningún presidente de la Reserva Federal daba una entrevista televisiva, lo hizo el actual Ben Bernanke el 15 de este mes de marzo, en el difundido programa 60 minutos con el periodista Scott Pelley por la cadena CBS. Se mostró muy optimista tratando de trasmitir un mensaje de confianza a los norteamericanos. Predijo que "la recesión terminará pronto, muy probablemente este año"; que "los grandes bancos son solventes". Pero, advirtió: "En un guiño a quienes piensan que la banca debería ser nacionalizada, Bernanke dijo que le preocupaba que pudiera haber una falta de voluntad política para la adopción de nuevas medidas a fin de estabilizar el sistema bancario. La historia nos enseña que uno no puede lograr una recuperación económica sostenida mientras el sistema financiero esté en crisis." (Clarín 17/III/09, nota desde Washington de Ana Barón). ¿Deberá entenderse que se continuará dando dinero a los bancos culpables de errores y delitos en sus operaciones?

Instituciones colaterales de la FED

Prácticamente no hay nada de poder en Estados Unidos y el resto del llamado Mundo Occidental que escape a la influencia de la Reserva Federal. De ella han salido entre otros los proyectos y manejos de instituciones tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Organización Mundial del Comercio (OMC), Grupo de los siete Países más Industrializados (G7), Grupo de los 20 (G20) y una cantidad de organismos de tipo cultural, de investigaciones científicas y educación, en especial con universidades ricas -todas pagas- donde se cultivan jóvenes para servir de gerentes de multinacionales. De estos últimos opinó "Lula" da Silva recientemente: "Estoy cansado de viajar para escuchar a hombres de 30 años enseñando lo que debemos hacer en Brasil, cuando no saben donde queda".

Asimismo tiene a su disposición la FED una red oficial de varios cientos de Organizaciones no Gubernamentales (ONG), manipuladas en parte por los servicios de inteligencia, con rótulos de humanitarias, ecologistas, alfabetizadoras, etc. etc. que han protagonizado frecuentes escándalos de corrupción. Diversos países las han expulsado, como son los casos recientes de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Sudán.

La FED y el Pentágono

Entre la FED, el Pentágono y las industrias de guerra existen estrechos vínculos. Manejan los fondos que se imprimen para los gastos de armamentos y controlan el accionar de fuerzas de mercenarias para proteger a multinacionales en la explotación de recursos naturales en países pobres. Para esos sectores, aunque el Congreso pueda a veces rezongar, siempre hay cantidades considerables para sus planes, a pagar por contribuyentes.

En estos momentos, el presupuesto para la defensa de EEUU iguala al del resto de los presupuestos de guerra del mundo. Entre Rusia y EEUU la diferencia es tanta, que Moscú acaba de anunciar un plan de rearme y modernización, incluyendo su arsenal nuclear.

Es un secreto a voces en Washington que el Pentágono se maneja con gran independencia. A pocos días de asumir Barack Obama, la prensa comentó que el nuevo presidente visitó la sede militar "para que le digan toda la verdad sobre la situación en Iraq y Afganistán", permitiendo suponer de esas palabras que algo se le ocultaba.

¿Dos presidentes asesinados por los banqueros?

Abraham Lincoln, en plena Guerra de Secesión consideró abusivas las condiciones que le imponían los bancos privados para prestarle dinero que ellos imprimían. Entonces decidió emitir por intermedio del estado y con la garantía de éste. Pero fue asesinado el 15 de abril de 1865 de un tiro en la cabeza.

"El presidente John F. Kennedy fue el primero que trató de transformar la FED suscribiendo un decreto presidencial (executive order number 11.100). Poco después fue asesinado en Dallas (Texas) el 22 de noviembre de 1963, probablemente por su propio servicio de inteligencia. Lo primero que hizo su sucesor, Lyndon Johnson, en el avión presidencial que lo traía a Washington desde Dallas, fue anular el decreto de Kennedy. ¿Cuál es la situación actual? Los bancos privados tratan por todos los medios de mantener y reforzar su gigantesca fuente de ingresos: el dólar. Y los países que quieren establecer sus relaciones comerciales internacionales (en adelante) sobre la base del euro, como Iraq, Irán o Venezuela, se los tilda de terroristas. " Y Rusia ha empezado a operar en rublos.

Aquel 22 de noviembre, dentro del avión presidencial, antes de partir rumbo a Washington con el cadáver de Kennedy, el mundo pudo ver por televisión a Lyndon Johnson jurando como nuevo presidente ante un juez de Dallas. Junto a él estaba Jacqueline Kennedy (con el rostro desencajado y la ropa con grandes manchas de sangre de su esposo). Terminada la corta ceremonia, de inmediato se cerró la puerta del avión y emprendió el regreso a la capital. Y Johnson llegó a Washington con su decreto sobre el "salvataje" de la FED y el cadáver de Kennedy.

Nota:

Este artículo ha seguido en parte el trabajo divulgado por la Red Voltaire, quien lo tradujo al español de la versión francesa de Horizontes y Debates. Los párrafos entre comillas son transcripciones textuales de la misma fuente.
Enrique Oliva

(*) CEES (Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos) .

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martes, 7 de abril de 2009

Construyendo la impunidad a través de la propaganda: George W. Bush


Durante largos años, algunos sociólogos han alcanzado cierta posición, participando en una campaña destinada a mancillar cualquier crítica en contra de la política estadounidense, atribuyéndola a una fascinación patológica masiva por el complot. Los tiempos cambian. El 6 de marzo de 2009, durante la prestigiosa conferencia anual de sociología de la Universidad de Winnipeg, el profesor Anthony J. Hall cuestionó la impunidad que le confiere el tabú del 11 de septiembre al gobierno de Bush. Reproducimos una versión ampliada de su intervención.

Graves acusaciones vinculan en actos criminales tanto al ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush, como al actual presidente de Sudán, Omar al-Bashir. A fines de febrero de 2009, trascendió que la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya se disponía a emitir una orden en contra de al-Bashir, a propósito de su presunta responsabilidad en crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio. Mientras se preparaban tales documentos contra el presidente de Sudán, el ex presidente Bush se aprestaba, por su parte, a dar una serie de conferencias remuneradas que comenzarían el 17 de marzo en la ciudad de Calgary, en Alberta (Canadá). La visita de Bush a la capital petrolera de Alberta puso a prueba la coherencia y la autenticidad de la posición “inequívoca” del gobierno canadiense, según la cual «Canadá no es, ni se convertirá, en un refugio seguro para personas implicadas en crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad u otros actos reprensibles».

El contraste entre el trato conferido a Bush y a al-Bashir fue puesto de manifiesto casi inadvertidamente por Geoffrey York, un colega con quien discutía a menudo, hace 20 años atrás, cuando los dos éramos corresponsales regulares del periódico Globe and Mail de las peripecias de Asuntos Aborígenes de Manitoba (Canadá), temas que, en varias ocasiones, fueron de interés nacional. En su reportaje sobre los cargos en contra de al-Bashir, York escribe:

«Por primera vez en la historia, un tribunal penal internacional se apresta a emitir una orden de arresto contra un jefe de Estado, acusándolo de haber orquestado una campaña de asesinatos, torturas y violaciones». El periodista consideraba que esta iniciativa de la CPI «sería vista por muchos como una prueba de que ninguna persona está por encima de la ley».

Este contraste abrumador entre el trato otorgado a al-Bashir y el trato que se le da a Bush, deja en evidencia la división que existe en el mundo entre criminales (o presuntos criminales) en dos grandes categorías: la primera, constituida por una pequeña elite que, esencialmente, está por sobre la ley y una segunda, compuesta por gente que no es lo suficientemente rica ni lo suficientemente influyente como para escapar de la fuerza coercitiva de la ley. Con ironía he llegado a esta conclusión. Por una parte, la decisión de la CPI de emprender acciones legales en contra de al-Bashir, como también, de abrir un juicio contra el comandante congolés Thomas Lubanga Dyilo en enero de 2009, son señales de una transformación importante de la CPI. Este tribunal ya no es un simple difusor de la expresión vacía de ideales nobles, sino más bien una instancia de real compromiso que busca someter las leyes del asesinato, la mutilación y la intimidación a la autoridad máxima del derecho.

Por otra parte, estableciendo la responsabilidad, en su primer acto jurídico, de a poderosas figuras locales de aquellas regiones de África que sufren y que, a menudo, son dominadas por los cárteles de materias primas y sus regímenes clientelistas, la CPI ha subrayado la hipocresía de un Occidente que protege, en el seno del complejo industrial militar, a sus propios señores y beneficiarios de guerra de toda responsabilidad jurídica por los actos de violencia cometidos por sus agentes. En efecto, muchos de los que, generalmente, planifican, instigan, financian, arman, facilitan y se apuntan en esta explotación, forman parte de lo que llamamos sector privado. De esta forma, el doble estándar promovido por la CPI en la elección de sus objetivos, en materia de acciones legales, no es más que la repetición a escala internacional del gran doblez del sistema de justicia penal de Estados Unidos.

Tal como lo ilustra crudamente el porcentaje desigual y escandalosamente elevado de Negros hacinados en las prisiones privatizadas de la superpotencia declinante1, las fuerzas del orden y la justicia hacen esfuerzos desproporcionados –de forma evidente– para criminalizar a los afro-estadounidenses pobres, teniendo cuidado de excluir de su atención a los habitantes de piel clara de los barrios de casas y a los pocos enclaves de la extrema riqueza. Las autoridades encargadas de aplicar el nuevo Derecho internacional, por su parte, se limitarán a perseguir a los jefes de las bandas de ese gueto continental que es África, con la mirada puesta en el exterior, cuando se trata, realmente, de redes criminales más globales, con sedes en Norteamérica, en Europa, en Israel y, cada vez más a menudo, en China, India y Rusia.

El renombre de Omar al-Bashir está lejos de ser internacional, mientras que George Bush es uno de los hombres más conocidos del mundo. En efecto, a lo largo de los ocho años de su desastroso mandato, Bush logró hacerse odiado mundialmente. Bush es ampliamente detestado por sus decisiones políticas, así como el conjunto de acérrimos belicistas, corsarios del capital, propagandistas de la mentira, evangélicos fanáticos, usureros, dementes defensores de la tortura y generales sicóticos que conformaban su círculo más cercano2. Una parte importante de la opinión pública mundial ve a este hombre desacreditado como la encarnación de algo peor que un execrable dirigente; estas personas consideran al 43º presidente de Estados Unidos un individuo grosero, irrespetuoso de las leyes. De esta forma, y con buenas razones, muchos perciben a Bush como a un desviado patológico que alimentaba la fantasía delirante de que el poder de su función le otorgaba toda la facultad de autorizar a las fuerzas armadas de su país y a merc
enarios privados para cometer masacres, desapariciones y torturas de la más grave índole y de envergadura genocida.

Esta visión, tan popular, se basa en un número creciente de estudios jurídicos de profesores universitarios que utilizan elementos de prueba ya disponibles en la esfera pública suficientes para establecer que George Bush y sus subalternos violaron numerosas leyes nacionales e internacionales, incluyendo los Convenios de Ginebra y las instancias de la ONU que prohíben la tortura. Philippe Sands, Francis Boyle3 y el profesor Michael Mandel, de la Osgood Hall Law School, tres de los más activos juristas internacionales, demostraron que George Bush y su gabinete de guerra transgredieron el Derecho internacional en muy repetidas ocasiones. De hecho, es muy larga la lista de juristas que buscan llevar al ex presidente estadounidense ante de la justicia. Vincent Bugliosi, quien fue fiscal en el caso Charles Manson, se adhiere a la causa con su nuevo libro «The Prosecution of George W. Bush for Murder» (El procesamiento de George W. Bush por asesinato)4.

Teniendo en cuenta la cantidad y la contundencia de la documentación ya reunida para inculpar a Bush y muchos de sus principales colaboradores en crímenes nacionales e internacionales, la facilidad con que el ex presidente atraviesa fronteras para dar discursos en lugares como Calgary, hay una manifestación de la disfunción jurídica de los organismos que aplican la ley. ¿Acaso el rol de estos organismos es proteger la propiedad y el prestigio de los ricos de la incursión de los marginados y desposeídos? ¿Acaso la ley no se reduce a una simple teoría cuando no puede restringir la utilización de manera abusiva de la violencia para arraigar los privilegios e intimidar a la disidencia? ¿Se levantarán las autoridades de la Corona en Canadá o el ministerio público en otros países para demostrar su respeto por el poder de la ley y su aplicación uniforme, tanto al presidente como al indigente, al colono como al nativo y al blanco como al negro? ¿Cómo podríamos trascender los códigos, a menudo racistas, contenidos en la retórica de la ley y del orden y elevarlos a las normas requeridas por el respeto a la primacía del derecho?

¿Nunca daremos lugar a la difusión de la verdad en el marco de un juicio que exigiera no sólo a Bush, sino a Richard Cheney, a Donald Rumsfeld, a Paul Wolfowitz, a Condoleezza Rice y otros, rendir cuentas sobre sus decisiones y sus actos en la dirección de guerras de agresión? En calidad de principales estrategas, los industriales del armamento y del petróleo, los propietarios de sociedades mercenarias y sus cabilderos y propagandistas, la mayor parte de estos individuos han contribuido a la edificación del proyecto del Proyecto Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC, por su sigla en inglés, N. de la T.), o sea, la privatización de nuestra economía basada en el terror y las falsas justificaciones para las supuestas «guerras preventiva». Un año antes del 11 de septiembre, el PNAC anunciaba la necesidad de «un nuevo Pearl Harbor», que permitiera provocar el clima de histeria necesario para lograr los objetivos de sus patrocinadores. El más ambicioso entre todos era la creación de un pretexto para tomar el control de los recursos petrolíferos de Irak y de todo el Oriente Medio.

Imaginando al mundo regido por el Derecho internacional

Desde hace varias generaciones se ha establecido el principio de que todos los pueblos del mundo, junto con sus gobiernos, deben reconocer el beneficio común de la competencia universal cuando se trata de casos de la más alta criminalidad. A su regreso de África, en 1980, George Washington Williams, un misionero negro de Estados Unidos, ayudó a enfocar el pensamiento legal en esta dirección. Williams buscaba palabras lo suficientemente evocadoras para describir las espantosas violaciones de los derechos humanos de las que había sido testigo en el llamado Estado Libre de Congo del rey Leopoldo y así fue como encontró la expresión «crímenes contra la humanidad». En 1944, Raphael Lemkin, un judío polaco que logró escapar del horror nazi en Europa, se basó en su experiencia para reforzar el vocabulario de la criminalidad internacional. Lemkin creó la noción de «genocidio», contribuyendo así en el proyecto que intentaba tratar crímenes tan graves que comprometieran la supervivencia de una parte de la familia humana. Lemkin buscó en el mundo entero la forma de que no existiese inmunidad ni refugio posible para aquéllos implicados en la eliminación de grupos nacionales, étnicos, raciales o religiosos; crímenes a los que añade el genocidio cultural. En 1948, Lemkin ayudó a las delegaciones ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) a establecer la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Este pilar fundamental del Derecho internacional fue adoptado por Estados Unidos sólo en 1989.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense fue, brevemente, percibido como el principal modelo del principio de que aquellos responsables de casos de criminalidad internacional más elevada deben dar cuenta de sus actos en forma individual, en calidad de persona. Esta breve convergencia entre el pragmatismo y el idealismo fue aplicado en los procedimientos de Nüremberg y Tokio que juzgaron a algunos de los cabecillas del Eje por tribunales militares internacionales. Robert Jackson, el Fiscal General del gobierno de Estados Unidos en Nüremberg, al describir sus objetivos al presidente estadounidense Harry Truman, explicó que había llegado el momento de establecer claramente «que la guerra de agresión es ilegal y criminal». En su opinión, tal acto, incluyendo las campañas de «exterminación, avasallamiento y deportación de civiles» constituían «crímenes internacionales», de los cuales «son responsables los individuos». Cuando presentaba su argumento delante de los jueces, Jackson destacó la importancia de ir más allá de todas las antiguas líneas de defensa que habían proporcionado «inmunidad a prácticamente todas las personas implicadas en los grandes crímenes en contra de la humanidad y la paz». No puede «tolerarse» la existencia de un «terreno tan vasto de irresponsabilidad» teniendo en cuenta que «la civilización moderna pone en las manos de los hombres armas de destrucción ilimitadas».

El vocabulario utilizado por los jueces de Nüremberg en la determinación de las penas de los condenados nazis hace hincapié en que «desatar una guerra de agresión no constituye sólo un crimen internacional, sino que también el crimen internacional más grave, que solamente se distingue de los demás crímenes de guerra en que éste encierra dentro de si todo el mal del conjunto». Los méritos de Nüremberg fueron afinados y adoptados en 1950 por la ONU como principios que incluyen, precisamente, las características propias de los actos ilegales conocidos por haber tenido lugar, por ejemplo en Abu Ghraib o Guantánamo durante el mandato de George W. Bush. Los principios de Nüremberg dividen la criminalidad internacional en tres categorías: crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes en contra de la humanidad. Uno de estos principios establece que «el hecho de que el autor de un crimen internacional haya actuado en calidad de jefe de Estado o de funcionario, no lo libera de su responsabilidad en Derecho internacional»5.

Aunque la CPI sólo se haya unido recientemente a la infraestructura jurídica del derecho penal internacional, ésta se basa en esperanzas, ideales y tradiciones profundamente enraizadas en muchas sociedades que buscan la justicia. A pesar de todos sus problemas y lagunas, la CPI es la mejor expresión de la intención de hacer realidad un gran número de las más conmovedoras proclamaciones de la humanidad que anuncian la igualdad de dignidad de cada vida humana, tal como lo define la Declaración Universal de Derechos Humanos. La CPI se creó luego de un estudio de Naciones Unidas, y se volvió una verdadera entidad en 1998 con la adopción del Estatuto de Roma. Así es como el tribunal adquirió forma institucional en 2002 y, hoy en día, cuenta con 108 Estados miembros, incluyendo a Canadá, junto con otros 40 en vías de ratificar el Estatuto de Roma.

Sin embargo, los gobiernos de Rusia, India y China se oponen a esta corte. El presidente Bill Clinton firmó el tratado de Roma en nombre de su gobierno, pero el presidente Bush anuló, en 2002, la firma de su predecesor en el marco de sus grandes y múltiples esfuerzos por excluir a los Estados Unidos de varios acuerdos multilaterales. Por consecuencia. La CPI, ¿continúa siendo la mejor esperanza para el futuro? O, acaso, el lamentable fracaso, hasta hoy, de Estados en defender y hacer respetar la primacía del Derecho internacional ¿nos conduce a un estadio en que la humanidad debe intentar hacer algo nuevo? ¿Hemos llegado a un punto en la evolución de la comunidad mundial en que ya es posible, incluso necesario, comenzar a instalar las estructuras de una verdadera jurisdicción, cuyos funcionarios apliquen su competencia para arbitrar y aplicar el derecho penal internacional a través de la expresión de cierta forma de ciudadanía compartida de la humanidad?

Calgary y el Congo

Hay mucho más en juego de lo que parece evidente en la decisión de George Bush de aceptar una invitación para dirigirse a una platea de empresarios reunidos en Calgary por la Cámara de Comercio local. Según cree David Taras, un profesor de ciencias políticas de la Universidad de Calgary, es necesario advertir que en el gesto del ex presidente en este centro urbano «muy conservador y favorable a Estados Unidos «se esconde una estrategia para comenzar un proceso de limpieza de su imagen frente al público». Incluso, hay quienes han apodado a Calgary la «Houston del Norte», sobrenombre que no da cuenta del carácter real de la ciudad. Calgary es, de hecho, casi una colonia en el ámbito económico y, en cierta medida político y cultural, de Houston y de Dallas, esto porque un porcentaje importante de sus habitantes emigraron desde Texas o tienen parientes que viajaron hacia el norte desde el estado del ex gobernador Bush. Hoy, Calgary es la base política y la circunscripción del gobierno minoritario del actual Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper. En 2001, Harper y algunos de sus consejeros provinciales más cercanos hicieron plenamente ostensibles sus posiciones llenas de prejuicios al proponer la construcción de un «corta fuegos» alrededor de Alberta para proteger de la autoridad constitucional del gobierno nacional de Canadá a sus recursos petrolíferos y sus agencias.

A lo largo de los últimos ocho años, Harper ha sido, durante su conducción de Canadá, algo así como el principal ostentador de la marca de fábrica de Bush. Como líder de la oposición, Harper criticó al Primer Ministro Jean Chrétien por no enviar tropas canadienses a la invasión de Irak. Harper, además, trabajó en estrecha colaboración con el ex Primer Ministro de Alberta, Ralph Klein, oponiéndose al Protocolo de Kyoto sobre el calentamiento global. De esta forma, los dos retomaron el discurso político elaborado por la empresa de asesoría y relaciones públicas Burson Marsteller. La filial en Calgary de esta empresa es la National Public Relations, cuyos «encargados de comunicación verde» crearon organizaciones de fachada tales como Canadian Coalition for Responsible Environmental Solutions (Coalición Canadiense para Soluciones Ambientales Responsables).

David Frum ha sido uno de los más extraordinarios celadores del eje ideológico que une Alberta con los ideales y el staff de la Casa Blanca de Bush. Antes de convertirse en uno de los principales propagandistas de la «guerra contra el terror» de George Bush6, Frum, que es un ícono de los neoconservadores, ganó sus galones trabajando para la revista Alberta Report, del evangelista Ted Byfield. Frum goza de un enorme prestigio entre la derecha por haber ayudado a actualizar la condena de Ronald Reagan al «imperio del mal», a precisamente acuñando la expresión «eje del mal», que hizo célebre George Bush utilizándola en su Discurso ante el Estado de la Unión en enero de 2002.

En consecuencia, numerosas fuerzas de la historia convergieron en la manera en que Bush sería recibido por los funcionarios de inmigración y del Ministerio de Justicia en el momento de su aterrizaje en el aeropuerto internacional de Calgary. El 23 de Febrero de 2009, la organización Abogados Contra la Guerra advirtió a algunos funcionarios, incluso al Primer Ministro Harper y al líder de la Oposición de Su Majestad, que «George W. Bush, el ex presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas estadounidenses, es una persona acusada de torturas, de crímenes de guerra y de otras violaciones flagrantes contra los derechos humanos». Estos juristas explicaron por qué Bush no debía ser autorizado a ingresar al país arguyendo disposiciones muy precisas de la ley de inmigración, junto con secciones particulares relativas a los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra. También explicaron que en caso de que Bush fuera autorizado a entrar en suelo canadiense, entonces debería ser arrestado por la policía de Canadá. Para apoyar sus aseveraciones, los juristas citaron numerosas fuentes, incluyendo elementos de prueba extraídos de un informe interno de la Armada estadounidense terminado en junio de 2008 por el general Antonio Taguba, como también, algunas de las conclusiones entregadas por el relator especial de Naciones Unidas sobre la tortura, Manfred Nowak. Este delegado de la ONU escribe «Tenemos en nuestro poder todos los elementos de prueba que establecen que los métodos de tortura utilizados por el gobierno de Estados Unidos en los interrogatorios fueron, especialmente, ordenados por el ex Ministro de Defensa estadounidense Donald Rumsfel... Es evidente que estas órdenes fueron dadas en pleno conocimiento de las altas autoridades de Estados Unidos».

Existen numerosos aspectos que permiten la proliferación mundial de la tortura en Canadá, las deportaciones extraordinarias, los encarcelamientos injustificados por falta de un juicio regular y otras violaciones a los Derechos Humanos, que en la mayoría de los casos involucran, de una forma u otra, a la Casa Blanca de George Bush. La Policía Montada del Canadá (GRC), el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Servicio de Inteligencia y Seguridad canadiense, más el conjunto de las ramas del gobierno de Estados Unidos, están implicados en los hechos que condujeron al arresto y tortura en Siria de los ciudadanos canadienses Maher Arar, Abdullah Almalki, Ahmed El-Maati y Muayyed Nureddin. El terror de Estado del que fueron víctimas estas personas constituye una pequeña parte del régimen transnacional de no-derecho, resultado de la enunciación ilegal del presidente de Estados Unidos sobre su competencia jurisdiccional sobre cualquier persona, de cualquier parte del mundo, que sea designada por el poder ejecutivo estadounidense como combatiente enemigo ilegal. Tal término, «combatiente enemigo ilegal», es una expresión inventada por los consejeros de George W. Bush, como un dispositivo lingüístico que permite al gobierno canalla de Estados Unidos desvincularse del Derecho internacional e incluso de su propia legislación.

Michael Keefer, de la Universidad de Guelph, estudió cuidadosamente el esmero del gobierno de Stephen Harper en reproducir la misma estrategia de George W. Bush para ampliar el rol del estado dentro la seguridad nacional, jugando hasta el cansancio la carta de la amenaza de la supuesta existencia de una célula local terrorista islamista dentro de la región del Gran Toronto. Keefer mostró la forma en que la GRC utilizó agentes infiltrados pagados que recibieron varios millones de dólares por la elaboración de un fiasco que terminó con la «evaporación de las acusaciones». El caso sufrió literalmente una implosión una vez que la GRC creó las condiciones políticas para que el Primer Ministro Harper pudiera divulgar en 2006 la versión canadiense de las teorías alucinantes de George Bush respecto al «odio» imaginario que el Islam profesa en contra de las libertades occidentales. La debacle fue grande, pero probablemente no lo suficiente como para no destruir la vida de jóvenes traumatizados, ello a pesar de que hayan salido libres del tribunal. Según Keefer, este episodio consistió, esencialmente, en una «operación de propaganda cuidadosamente planeada para reforzar la fraudulenta operación de manipulación psicológica que representa la guerra contra el terrorismo posterior a los atentados del 11 de septiembre».

Los roles de los gobiernos canadiense y estadounidense como socios en violaciones flagrantes de Derechos Humanos y del Derecho internacional se ilustran de manera clara en el caso del ciudadano canadiense Omar Khadr7. Khader era un niño soldado de quince años cuando fue arrestado en Afganistán por las fuerzas estadounidenses durante un violento incidente en que el menor resultó herido dos veces. Poco tiempo después de este hecho litigioso, Khadr fue transferido al tristemente famoso campo X-Ray en Guantánamo, Cuba. El Primer Ministro Stephen Harper usó este caso para expresar públicamente su intención de subordinar la soberanía de Canadá a la cultura de dominación militar estadounidense de Bush. A diferencia de dirigentes de otros países occidentales que han intervenido exitosamente en la liberación de sus ciudadanos de Guantánamo, Harper prefiere mantener su concomitancia con las autoridades estadounidenses, omitiendo cualquier petición que lleve a Omar Khadr al país donde nació.

El general canadiense Roméo Dallaire, que participó en operaciones de mantenimiento de paz de Naciones Unidas, hizo observaciones sobre la importancia del caso Omar Khadr, desde la perspectiva de un experimento de los gobiernos canadiense y de Estados Unidos para probar la disposición de no respetar las leyes internacionales que prohíben las acciones contra niños soldados. Dallaire escribió: «Permitimos a Estados Unidos juzgar a un niño soldado canadiense por un tribunal militar en donde los procedimientos violan los principios fundamentales de la justicia». El general tuvo en cuenta «pruebas irrefutables de la malignidad de Estados Unidos», de «alteraciones» de pruebas y de diversas formas de abuso en contra de Omar Khadr llevadas a cabo por funcionarios, incluyendo amenazas de «violación y de muerte». A propósito del caso de Omar Khadr, Dallaire acusa al gobierno de Canadá de ser cómplice de «una afrenta a los Derechos Humanos y al Derecho internacional».

El desprecio hacia todos los principios reconocidos del derecho estadounidense e internacional en la Bahía de Guantánamo y en Abu Ghraib serán vistos, ciertamente, por las generaciones venideras como pruebas de la infamia de los dos mandatos de George W. Bush. Cierta cantidad de juristas militares renunciaron disgustados a sus puestos en Guantánamo, como por ejemplo el coronel Morris Davis, fiscal en jefe. Un denunciante interno, más reciente, es el teniente coronel Darrel Vandeveld, ex fiscal. Tal como relató Globe and Mail, el 2 de marzo de 2009, Vandeveld condenó los «tratos sádicos», los «abusos» y «simulacro» de justicia aplicado a Khadr y a los demás detenidos en el «desorden sin nombre» de Guantánamo. Amnistía Internacional declaró que Guantánamo «es el GULAG de nuestra época». Vandeveld expresó que «no podía creer que los estadounidenses fueran capaces de hacer eso», anticipando un testimonio que estaría muy de acuerdo a entregar ante un tribunal de derecho nacional o internacional.

El hecho de que al interior de un GULAG estadounidense continúe la persecución contra un joven aprehendido cuando era un niño soldado, opaca de manera reveladora la imputación de la CPI en la Haya a Thomas Lubanga Dyilo. Lubanga fue acusado de reclutar y utilizar niños soldados en el Este del Congo. Muchas sociedades mineras canadienses y estadounidenses integran las empresas occidentales (de América del Norte, Europa y África del Sur) que sustentan conflictos donde se utilizan niños solados. Los niños soldados continúan siendo usados por aquellos que se benefician, invariablemente, de los asesinatos masivos y del caos dentro de una zona que, sin duda, es testigo del más grande genocidio después de la Segunda Guerra Mundial.

Manteniendo la misma posición respecto al caso de Omar Khadr, George Bush y Stephen Harper ¿no transgredieron el mismo derecho internacional que se le acusa haber violado a Lubanga? En el momento en que nos acercamos al fin de la primera década del siglo XXI ¿podría existir una prueba aún más incuestionable de la anarquía cultivada en el más alto nivel de nuestros gobiernos? ¿Qué es lo que queda por decir cuando un ex presidente estadounidense, el actual Primer Ministro de Canadá y un comandante de guerrilla congolés pueden –los tres– ser acusados de transgredir de la misma forma las leyes internacionales que prohíben el reclutamiento y las acciones legales referidas a niños soldados?

Confrontando las mentiras del 11 de septiembre

No es difícil imaginar cuáles serían los principales argumentos de la defensa, si George Bush, Richard Cheney, Donald Rumsfeld y otros de su misma clase, se enfrentaran a sus inculpadores ante una corte de justicia. Seguramente, la defensa se basaría en que el país fue víctima –en 2001– del ataque de un enemigo exterior dotado de tácticas tan audaces e inesperadas que estos terroristas islámicos lograron tomar por sorpresa a todo el conjunto del complejo industrial militar, junto con la enorme maquinaria de la seguridad nacional. A partir de allí, los abogados de la defensa sostendrían que las invasiones a Afganistán e Irak, y todas las demás acciones, incluyendo las llevadas a cabo en la Bahía de Guantánamo y Abu Ghraib, no podrían ser interpretadas como elementos de una guerra de agresión y que no deberían considerarse como parte de un plan coordinado de agresión militar, en lo que ya estuvieron de acuerdo los jueces de Nüremberg hace mucho tiempo atrás, y en que representan «el crimen internacional más grave que sólo se distingue de los demás crímenes de guerra en que éste encierra dentro de sí todo el mal del conjunto». Luego de esta argumentación, los abogados de la defensa afirmarían que todo lo que sucedió durante la guerra (justa y civilizada) contra el terrorismo no debe ser interpretado como una guerra de agresión. Al contrario, sus acciones deberían ser consideradas como una forma de autodefensa necesaria, o tal vez, como acciones preventivas emprendidas por precaución con la esperanza de salvar civiles inocentes de la amenaza violenta de los extremistas islamistas.

Concientes o no, todos estamos continuamente bombardeados por el mensaje que busca convencernos de que existen buenas razones para temer a la barbarie de los terroristas, un mensaje elaborado con minuciosidad por los expertos de lo que llamamos «manipulación de las percepciones», para crear un recelo permanente hacia el mundo árabe y el mundo musulmán. Por consecuencia, el mito popular de la guerra contra el terrorismo constituye el elemento principal en que se basa la economía del terror que sustentó el crecimiento del gran complejo industrial militar a lo largo del mandato de George W. Bush. Al no existir ya el antiguo enemigo del tiempo de la “guerra fría”, fue preciso encontrar un nuevo enemigo. Empresas como Blackwater, la sociedad de mercenarios de Eric Prince, pudieron prosperar dentro del mismo modelo guerrero privatizado, tal como en la guerra santa, o yihad, capitalista contra el «imperio del mal» soviético.

Para controvertir los testimonios que citen el 11 de septiembre como la principal justificación de las medidas tomadas en nombre de la guerra contra el terror, en el momento en que un fiscal interrogue a su parte contraria podría confrontar a Bush y a los otros de la siguiente manera: El –o la– fiscal podría llamar a comparecer a ciertas personas con cargos, cuya presunta negligencia y/o incompetencia permitió que los terroristas alcanzaran sus objetivos que, por lo demás, están bastante bien protegidos. El fiscal podría pedir que se esclareciera lo sucedido con los funcionarios cuyas malversaciones y errores fueran causantes de aquellas deficiencias sin precedentes, como –por ejemplo– aquellos encargados de la inteligencia, del contraespionaje, de la seguridad en los aeropuertos, de la defensa aérea y los encargados de aplicar las leyes de inmigración. Podría exigir saber, también, si todos los funcionarios fueron despedidos. Si algunos fueron reprendidos, si alguien renunció. El acusado respondería «no». Entonces el fiscal preguntaría: «Y por qué, entonces?».

Si la masacre y la destrucción ocasionada el 11 de septiembre pueden ser atribuidas a un error masivo de la seguridad nacional, ¿por qué nadie ha asumido su responsabilidad ni ha sido considerado responsable de algún elemento preciso en este supuesto error? ¿Qué hay de la propia responsabilidad de Bush en el desastre? ¿Por qué el presidente no se hizo inmediatamente cargo de la crisis esa fatídica jornada del 11 de septiembre, yendo a Washington en lugar de huir a los confines del país en su avión Air Force One y dejando a Richard Cheney, el ex presidente de la empresa Halliburton, a cargo de las operaciones en el búnker bajo la Casa Blanca?

Las faltas más graves relacionadas con los eventos del 11 de septiembre no son aquellas atribuibles a las agencias de inteligencia estadounidenses, ni a los servicios de seguridad de los aeropuertos, ni al Comando de Defensa Aero-espacial de América del Norte (NORAD, por su sigla en inglés, que incluye a Canadá y EEUU, N. de la T.), etc. Al contrario, la incapacidad más profunda y más sombría de protegernos de estos enemigos que nos amenazan reside en el hecho de buscar quienes las utilicen entre los periodistas, los grandes medios de comunicación, los profesores y las universidades. Somos nosotros quienes, en la mayoría de los casos, escogemos renunciar a nuestro escepticismo y junto a él, a nuestra ética profesional y a nuestras responsabilidades. En general, nuestra clase y nuestra casta sigue respondiendo a los hechos del 11 de septiembre de manera más expedita que racional. En consecuencia, se trata –en mi opinión– de una traición masiva de parte de los intelectuales y es el resultado subyacente del fraude conocido bajo el nombre de «guerra contra el terrorismo». La guerra contra el terror sigue en fabricación, promoviéndose y vendiéndose al público en la más agresiva campaña de guerra jamás desplegada. ¿Cuántos de nosotros se vuelven cómplices de esta negra maquinación a través del silencio? El silencio es el principal factor que permite la continuidad de las guerras de agresión justificadas en nombre de la teoría oficial del complot del 11 de septiembre, tan infundada como desprovista de pruebas.

No es mi intención, aquí y ahora, desbaratar las mentiras y los crímenes de la Casa Blanca de Bush. Tampoco el reciente disimulo del Presidente Obama de los elementos claves en la verdad de esa mañana del 11 de septiembre de 2001. Me ejercité para tal desbaratamiento, pero no de manera tan exhaustiva, experta y profesional como han podido hacerlo otros. Podría citar decenas, casi centenas de sólidas contribuciones científicas para unir pruebas específicas, examinando detalladamente lo que probable y ciertamente sucedió esa mañana luminosa de fines del verano de 2001, como lo que realmente no tuvo lugar. La mayoría de esas contribuciones son de dominio público y es muy fácil tener acceso a ellas en la era de Google y You Tube.

A pesar de que son muchos los que han introducido las referencias necesarias en la comprensión de aquellos que están comprometidos con la búsqueda de la verdad, el aporte en especial de un profesor se distingue por la remarcable combinación entre alcance, precisión y atención a los detalles. Creo que hablo por muchos colegas quienes, en un amplio consenso, piensan que el profesor de teología David Ray Griffin ha ganado con holgura el título de jefe de aquello que llamamos «9/11 Truth mouvement» (Movimiento por la Verdad del 11 de septiembre, N. de la T.)8. Yo los desafío a leer una parte de la pequeña biblioteca de libros y artículos que él ha escrito sobre los diversos aspectos del 11 de septiembre, no a desarrollar un desprecio absoluto por la versión oficial del complot. Teniendo en cuenta lo que Griffin y otros han publicado, ya ha caído completamente en el descrédito la idea de que el ataque al Pentágono y la pulverización de tres torres de estructuras de acero del World Trade Center fueran causadas por un puñado de saudíes armados con cutters, con un somero conocimiento de piloteo y un intenso celo yihadista.

Hace poco, ha nacido la rama más profesional de los escépticos del 11 de septiembre, una obra del infatigable Richard Gage, fundador de la asociación «Achitects and Engineers for 9/11 Truth» (Arquitectos e Ingenieros por el 11 de septiembre, N. de la T.) que cuenta con 600 miembros (arquitectos e ingenieros). Dando a conocer y reuniendo un gran volumen de estudios técnicos, Gage ha logrado establecer, más allá de las dudas razonables, que las torres de poderosas estructuras de acero no se derrumbaron a causa del choque de los aviones comerciales, ni por los incendios del combustible, ni por la gravedad, sino que gracias a una demolición controlada. Las tres se derrumbaron sobre sus bases más o menos a la velocidad de la caída libre.

Últimamente he estudiado atentamente la vasta y profunda erudición que el canadiense Peter Dale Scott demuestra en su libro «The Road To 9/11: Wealth Empire and the Future of America» (El camino al 11 de septiembre: riqueza del imperio y el futuro de EEUU, N. de la T.)9. Esta obra, reconocida por sus pares, fue editada por la University of California Press, de Berkeley. Scott se basa en décadas de investigación sobre el funcionamiento interconectado de las compañías petroleras, de los cárteles de la droga, de las operaciones de contraespionaje, de los bancos y de la política. Su libro también describe una relación de colaboración tan larga como estrecha entre Dick Cheney y Donald Rumsfeld, que culmina con sus extrañas apariciones y desapariciones en los días que precedieron y sucedieron al 11 de septiembre. Al igual que los estudios de Nafeez Mosaddeq Ahmed10, el libro de Scott presenta muchos elementos de prueba que demuestran que el fantasma de Al Qaeda estuvo inserto en funciones de seguridad nacional estadounidense desde que se unió a los Muyahidín apadrinados por el dúo CIA – ISI (Inter-Services Intelligence, Inter-Servicios de Inteligencia, N. de la T.).

Comenzando como actores claves en las operaciones financieras del desaparecido Banco de Crédito y de Comercio Internacional (BCCI), fundado en Lahore, los personajes destinados a asumir roles dentro de Al Qaeda ayudaron a hacer avanzar el proceso de transformación del terrorismo en una empresa y una oportunidad política para numerosos mercaderes del miedo. Recomiendo especialmente el capítulo 10 del libro de Scott, titulado Al Qaeda y las elites estadounidenses. En las subdivisiones de este capítulos se leen frases como: «Los agentes de Estados Unidos, las compañías petroleras y Al Qaeda», «Estados Unidos y Al Qaeda en Azerbaiyán», «Unocal, los Talibán y Ben Laden en Afganistán», «Al Qaeda, el Ejército de Liberación de Kósovo y el oleoducto transbalcánico» o «Al Qaeda y el complejo petrolero, militar y financiero».

Podría terminar alegando a favor de una investigación parlamentaria en Canadá sobre la veracidad de la interpretación del 11 de septiembre, que continúa poniendo en peligro la vida de nuestros soldados en Afganistán. Podría terminar subrayando el fracaso periodístico de la CBC (Canadian Broadcasting Corporation, Radio Nacional de Canadá, N.de la T.) o la propaganda de las guerras de agresión, que ha proliferado especialmente en los medios comerciales. Tal como lo reveló la investigación a la CIA post Watergate, agentes reclutados entre los grandes medios de comunicación han sido utilizados por organismos de seguridad nacional (del Estado) para difundir campañas de desinformación, cuyo verdadero objetivo es impulsar los negocios de gente como la familia Bush, dinastía de beneficiarios de guerra. Podría ejemplificar algunos de mis argumentos refiriéndome a los ridículos sitios de Can West Global y sobre todo al de Nation Post. Solo citaré el título de un artículo en un periódico en que se da mucho espacio a los blogers anónimos para atacar mi trabajo. ¿Qué otra cosa que no sea defender el mito de la guerra contra el terrorismo están haciendo los redactores de este periódico cuando escriben el título: «Atacando a los teóricos del complot del 11 de septiembre», obstaculizando así cualquier debate?

Muchas son las formas en las que podría finalizar. Sin embargo, prefiero concluir este texto con algunas reflexiones sobre George Bush, el derecho internacional y el libro notablemente bien acogido de Naomi Klein, que lleva por título «La Doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre»11. A través del prisma de su interpretación keynesiana, Klein observa varios países a lo largo de las últimas décadas. Para ello, por ejemplo, propone la convincente tesis de que los modestos programa de redistribución implementados en las economías nacionales y en la mundial, en general, no han resistido a las incursiones del «capitalismo del desastre». Nuestras relaciones materiales han sido sometidas, en forma repetida, a los shocks de la hiper-privatización durante los periodos en que hemos estado más vulnerables a los efectos desorientadores de los traumatismos, por supuesto manufacturados o inducidos.

Como lo reconoce la autora en su libro, los hechos acaecidos el 11 de septiembre son el ejemplo característico de su tesis central. El shock de las imágenes de la caída de las torres creó el pretexto para invadir Irak y para liberar la prisa que el régimen de Bush tenía por explotar lo que Klein llama «el mercado del terrorismo». Irak debía ser un prototipo que demostrara que «el trabajo del Estado no es proporcionar la seguridad, sino comprarla a precios de mercado». Por otra parte, la violencia en Irak ayudó a estimular, en Norteamérica, la cultura del miedo y del odio, que facilita el auge de lo que Klein llama «Industria de la seguridad de la patria».

Klein, como la mayoría de los autores que escriben sobre la guerra contra el terrorismo, es cautelosa para abordar los atentados del 11 de septiembre, para llegar, de esta manera, indemne a un terreno profesional más seguro. Para ella, ese lugar más seguro consiste en documentar la forma en que Bush, Cheney, Rumsfeld, Paul Bremen, y el resto de los arquitectos e ingenieros de la privatización de la economía del terror, han usado el 11 de septiembre para hacer avanzar la agenda política. Así es como, prácticamente eludiendo el tema de lo que realmente sucedió el día del gran shock, Klein se inclina por el mantra «errores de seguridad del 11 de septiembre». Entonces, Klein lleva a sus lectores a su original e importante análisis económico de Irak, el «Ground Zero» (Punto Cero, N. de la T.) de la guerra contra el terrorismo.

Creo comprender la decisión periodística de Naomi. La considero un compromiso necesario. Debía hacerlo si es que quería mantener la esperanza de dar a conocer su útil trabajo en los medios canadienses y estadounidenses, así como a los jóvenes militantes en el mundo entero. No obstante, pienso que Klein está demasiado bien informada como para no desconfiar de la coartada del «error de seguridad» sugerido por el régimen de Bush. Si mi intuición es acertada ¿qué se puede decir respecto a la gravedad del clima de paranoia, si incluso Naomi Klein se autocensura en lugar de arriesgarse a unirse a los grupo marginales «de los teóricos del complot»? ¿Es comparable la adhesión de Klein a los tabúes del 11 de septiembre a la de Noam Chomsky y a la de productores de medios, incluso progresistas, como por ejemplo Zmag, The Nation y Democracy now? O ¿Barrie Zwicker tiene razón cuando afirma que fuerzas malignas trabajan para repetir, en el contexto de la supuesta guerra contra el terrorismo, las mismas técnicas de desinformación y de guerra psicológica que se utilizaron durante la guerra fría?

La retórica del discurso de esperanza y cambio del presidente Obama no trascenderá los discursos de odio ni los crímenes de odio que continuarán multiplicándose hasta que el público vuelque su mirada a la verdad de los hechos, cuyo contenido ha sido deformado para justificar los crímenes internacionales que continúan perpetuándose en nombre de la guerra contra el terrorismo.

Mientras este fraude no sea revelado (reconocido), la obscenidad continuará y George Bush cruzará las fronteras internacionales para dar discursos generosamente remunerados. Sin embargo, el 17 de marzo nos esforzamos en lo que pudimos para hacer de la visita a Calgary del ex presidente estadounidense un test que nos permita saber si somos gobernados por las reglas del derecho o por las reglas de la desinformación, el amiguismo y el poder militar.

Anthony J. Hall

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